sábado, 16 de julio de 2011

Y vuelta a lo mismo!

Imaginen Vdes la escena: 12'30 de la mañana, aproximadamente; solemne acto religioso en la Iglesia del Carmen, sita, como sin duda la mayoría sabrán, en la mismísima Plaza del Carmen, de San Fernando. Se celebra no sé qué de la Virgen del Carmen, con motivo del día de la misma, y dentro de los actos de la Feria en la que llevamos ya varios día inmersos en La Isla.

Bueno, a lo que iba:  la gente que vive en San Fernando, sabe que la Plaza del Carmen está en la mismísima calle Real, remodelada íntegramente por las discutidas obras del tranvía. Está, pues, vetado poder circular y, por supuesto, aparcar en toda la Plaza... Pues no!. A las mismas puertas de la Iglesia, un frondoso coche oficial, con banderola incluida, espera pacientemente que su dueño termine el acto al que le han llevado. Desconozco si el mencionado coche es el del Sr.Alcalde, ó el del alguna autoridad militar competente... Pero no me dirán que no tiene su aquél...

Vamos a ver: si "nadie", repito, "nadie", puede aparcar en la Plaza del Carmen, ¿porqué, quien buenamente fuera el huésped de dicho coche oficial, se siente con todo el derecho del mundo a aparcar allí?... ¿No dice la Constitución que: "todos los españoles son iguales...". .. Pues va a ser que no, que aquí hay quien puede dejar su coche en sitios prohibidos, y quien no puede porque, simplemente, no tiene un cargo oficial, ó no es un militar de alta graduación.... Esto es un ejemplo de lo que supone vivir en una "democracia adulterada". ¿Porqué?. Porque quien manda, por el simple hecho de "mandar", se cree poseedor de unos derechos que no rigen para todos los demás...

¿Cuándo, como dijo Suárez en su día, los políticos considerarán "normal" lo que en la calle se considera normal?... Aplicado al presente caso: el chófer llega a la Iglesia, la alta autoridad se baja, entra en la Iglesia, y el sr chófer se va con el coche y espera en alguna calle cercana a la iglesia a que el acto religioso acabe.. como el resto de los normales, vamos.

Mientras estos altos cargos no se acostumbren a actuar como el resto de mortales que habitamos en esta casa grande que se llama España, la vida democrática de este país no dejará de estar, repito, "adulterada".

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