lunes, 19 de diciembre de 2011

A Juan, mi barbero

Se me jubiló mi barbero, mi peluquero de toda la vida, Juan. Cuarenta, ó cuarenta y tantos años pelándome, él, con su maestría habitual, su distinción, su toque mágico... Fuí el otro día a su peluquería, a que me quitara el sobrante de los pocos pelos que me van quedando, y no le ví, y mis sospechas, mi acongojamiento, tuvo cruda confirmación: El MAESTRO se ha jubilado, me dijo Juamma, su hijo, su aprendiz, su alter ego en el salón...

Y yo me quedé silencioso, pensativo, abatido... ¿Cómo que Juan se ha jubilado?. ¿Y ahora qué voy a hacer, Dios mío?. Sí, ya sé, tiene ya 69 años, toda una vida cortando el pelo, hablando contigo de lo humano y lo divino, pasando sus manos delicadas por mi cabeza, tomándome el pelo, nunca mejor dicho... Desde que soy niño, y pasé a adolescente, y crucé la juventud en un pis pas tal que aún no me he enterado, no sé, quizás algún día fui joven.. hasta ahora, en mi dorado medio siglo cumplido hace no tanto, allí siempre estuvo Juan... Muy buenas, D. Carlos, tome asiento, ahora le atiendo; y tu hermano, qué tal; el trabajo, qué, como sigue....

Ya digo, me cogió de pequeño, de la mano de mi hermano, allí en el local donde estuvo en la calle San Rafael, y con él pasé, yo sólo, dejada la mano de mi hermano, a su nueva peluquería, donde seguía recibiendo a sus clientes de siempre, de toda la vida, con su bigote serio, sus ojos oscuros, su distinción, su porte de caballero, su maestría en el uso de las tijeras y los peines... Notaba su mano diestra, pis, pas, ¿cortito?, sí, Juan, muy cortito y, de unos años para acá, cosas de la madurez, con los pelos de punta, que me quite los años que no tengo... Y me preguntaba, y yo le contaba, y pasa por aquí, y me lavaba mi pelo decayente, me lo lustraba, le daba brillo, le hacía lucir con las vanidades que nunca tuvo...

Ya sé que sigue tu hijo, Juan, que él me conoce, me pela, me hace reir,... pero tú ya no estás, ya no te veré, toreando con paciencia infinita a esos niños rebeldes, lloriqueantes, inquietos, que no dejaban tomarles el pelo... Ni sentiré la dulzura de tu presencia, allí, dominando tu mundo, los cuatro rincones que han sido tu vida, hasta ese día que, cosas del mundanal ruido, decidiste cortarte la coleta, descansar, disfrutar con tu mujer el resto de tu bonacible existencia.

"Estoy cansado, Carlos", me confesaste hace pocos meses, cuando ya vislumbrabas, ante mi horror, que tu ciclo laboral llegaba a su fin. "Ya, después de comer, se me hace pesado volver, me pesan las tijeras"... Y yo te escuchaba, y te comprendía, aunque se me aflijía el alma, se me congelaba el corazón. Si yo te comprendo, Juan, pero ahora, egoístamente, ¿qué va ser de mi cuando no te vea?.

A ti te dedico estas palabras, a mi barbero de toda la vida, a un profesional como la copa de un pino, ejemplo de trabajo, de seriedad, y de profesionalidad.

¡Que te vaya bonito, Juan, y que la vida te reporte lo que tú le has sabido aportar!.

Hasta siempre, amigo.

3 comentarios:

  1. Bonito homenaje el que le haces a tu barbero,Carlos. ¡40 años!¡toda una vida!, espero que pueda leer tus palabras llenas de cariño o que alguien le haga referencia a ello.

    Y te comprendo perfectamente, de tantas veces como he ido a la peluquería, siempre pensando como te cortarán o como te peinarán, que cuando encuentras a alguien que te gusta y un día vas y ya no trabaja allí, se quedas así como desolada y atemorizada.

    En serio es difícil encontrar una peluquera que saque de ti lo mejor, que te deje joven y guapa como a ti te gusta verte.

    Un abrazo

    Lola

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  2. Se cerró un ciclo, Carlos, y ahora te toca ponerte en manos de su hijo que, seguro, te va a dejar estupendamente bien. Ahora tu barbero que disfrute los años que le queden, haciendo otras cosas.

    Preciosa y entrañable entrada, Carlos.

    Un abrazo

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  3. Hola. Sí, Juamma, el hijo de mi entrañable Juan, ya me ha "operado" :-) en oitras ocasiones... Pero tú sabes, el Maestro es siempre el Maestro.
    Buena tarde.

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