viernes, 31 de agosto de 2012

Imaginen la escena: uno va a tomarse su desayuno (ya, ya sé que está mal visto, y que a los funcionarios, que somos unos flojos redomados, nos deberían de quitar esos minutos de desayuno, qué escándalo, por Dios, con la crisis que hay), con su Diario de Cádiz incorporado, su camisita y su camisú, y se prepara con deleite para gozar de esos minutitos de gloria diarios que supone degustar un cafelito con su tostadita, en la tranquilidad de la primera hora de la mañana... ¿He dicho "tranquilidad"?. No!, una aldea de galas (sí, galas, no galos, han leido bien...) se dispone a destrozar con martilleante escándalo tal momento sublime...

Un grupo de mujeres (ya, ya sé, uno es un machista redomado... ¡Pero es que sólo había mujeres!) han quedado, supongo que para despedir el agosto, el verano, que una se va a la conchinchina, ó yo qué sé; y allí están, al fondo, gritando, riendo, hablando, aullando,... Son las 9'30 de la mañana, grosso modo, minuto más, minuto menos, y aquello no tiene nada de cafetería sosegada y tranquila, donde la paz invada el alma, y los sentidos disfruten de los aires tempranos... Qué va, que más quisiera... Uno lo intenta, pero es imposible; no hay forma de concentrarse en la lectura plácida, feliz, de su Diario; lee palabras, sí, pero el cerebro está anonadado, y no se entera de lo que sus ojos leen. Es más, intento recordar mientras escribo esto qué leñe lei esta mañana, y no hay forma... Ah, sí, algo de una empresa de algas gestionada por mujeres... ¡Quillllaaaaaaaa!... Respingo en la silla... Ah, y algo de la subida del IVA, creo.... ¡Qué alegriiiiiiiiiaaaaaaaaaaaaaa, Mª Carmeeeeen!. (el café a tomar por cul....). Y no sé qué del artículo semanal de Fernando Santiago.... ¡blaaaaaaablaaaaaaaablaaaaaaaaaaaa! (nada, la camiseta llena de tomate).....

Claro, me acuerdo del santo Arturo Pérez Reverte, cuando comenta cómo la tranquilidad de un café parisino se va al traste cuando llegan unos españolitos... ¿Porqué somos tan escandalosos?. ¿El español/española padece de otitis crónica y herededa, y por eso debemos de gritar?. ¿Somos incapaces de mantener una conversación tranquila, sin escándalo, sosegada?. ¿De verdad es imprescindible hablar a voz en grito para que nos escuche el amigo de al lado, que para más inri lo tenemos como a 10 centímetros nuestra?.

Con estos síntomas, tan arraigados en los cromosomas del buen español, ¿de verdad nos creemos que podemos tener futuro?. Claro,  después nos sorprendemos que los extranjeros nos miren con esas caritas...

¡Ayyyyyyyyyyyyyyysssss!. ¿Qué de tiemmmmmmmmmmmmmmpooooooooooooooo sin verte, choch...!. 

Hala, El tímpano destrozado...



4 comentarios:

  1. Bueno Carlos, en estos casos, si no puedes con el enemigo, únete a él. Y me voy a explicar: cierra tu periódico; pon atención con disimulo en lo que comentan; retén en tu mente aquello que te pueda resultar novedoso; tómatelo con filosofía y dí para tí mismo: !éha, ya me amargaron el café¡resignación Carlos, que son mujeres, y como vean un mal gesto tuyo, pues ya esta arreglado; sal por patas del lugar, es un consejo.

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  2. Tienes toda la razón en que los españoles, como los italianos, tenemos que hablar a gritos y gesticulando. No sólo las mujeres, eh! que las reuniones de machos también se oyen, claro que las voces de ellas son más agudas y molestan más. Lo peor es que esas algarabías no sólo las encontramos en una cafetería, en la consulta del hospital ocurre, y en un restaurante ante lo que debería ser una cena tranquila, y en el autobús, y en todas partes porque somos así.

    Como dice Manuel, más vale tomárselo con calma y escapar en cuanto acabes el café.

    Un beso Leonor

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  3. Sí, es un defecto detestable, Carlos, yo no las soporto, por eso, cuando en el tren se me sentaban (o yo las veía venir, en pandillita), salía escopetá del asiento y me largaba al fondo del vagón, o al vagón siguiente. Yo lo que no entiendo es que, a las 9 de la mañana, se tengan esas ganas desaforadas de charlotear, que parece que tienen que soltar todas las palabras, no sea que luego no puedan decir ni mú allá donde vayan.

    De todas maneras, no es prerrogativa de los españoles el ser gritones. Ahí tienes a los negros, que son otros de los que huyo como del agua hirviendo, porque gritan como si aún anduvieran por la selva. Por favor, con lo bien que se está en un entorno tranquilo y silencioso... que para griterío ya tenemos los mercados, los mercadillos y las ferias.

    Feliz fin de semana, Carlos. A ver si hay suertecilla y Fernando Alonso se lleva la pole, o por lo menos que esté en el podio.

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  4. Ah, y siempre puedes prestar atención a lo que dicen y luego hacer una entrada cojonuda para el blog, llena de humor :)

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