martes, 4 de septiembre de 2012

Mañana de Mercadillo

¡Un leuro, a un leuro!. ¡Dos euros, dos euros!. ¡Seis bragas, cinco euros, chiquilla!. ¡Que me los quitan de las manos!. ¡Regalao, hoy tó regalao!.

Así avanzábamos ayer en el Mercadillo de los lunes, en Cádiz. Hacía meses... bueno, años, que no iba. Lo han cambiado de sitio: la última vez recuerdo que estaba en la Avda del Guadalquivir, en la barriada de la Paz. Ahora, sigue en la misma barriada, pero en el espléndido paseo marítimo que corre al borde la Bahía desde Puntales hasta el final de la Paz, casi hasta llegar a las instalaciones de El Corte Inglés.

Un sitio que conocía sólo de paso, en el coche; pero que no había pateado. Y que me encantó: uno pasea entre ofertas de euros, zapatos, puestos, gritos, vendedores,... con el Puente Carranza a su derecha, los Astilleros, de frente, y el nuevo Puente en construcción, casi tocándolo con sus manos. Un paseo que, si no lo conocen, es verdaderamente espectacular, uno de los mejores sitios por dónde darse un buen paseo (¡y mira que hay tantos en Cádiz!), disfrutando de la brisa marina, de unas espectaculares vistas, de una sensación de felicidad por el paisaje que se contempla.

No soy de mercadillo, lo confieso. Tampoco tengo nada en contra ni de vendedores ni de clientes, ojo. Me parece muy bien a quien le guste, es una opción más del mercado en estos tiempos. Pero a mi no me gustan, ó al menos, estos mercadillos de por aquí, en que la mayor parte de los puestos son de ropa ó de calzado. Otros tipos de mercadillos en que, aparte de vestidos y zapatos, hay otras cosas: cuadros, bisutería, cacharros, pilas, ... pues la verdad es que no me disgustan. Pero los de esta zona, a mi juicio, son muy monótonos, porque el 95% son de eso, de vestidos ó calzados, así que me suelen aburrir.

Pero ayer lunes inaugurábamos nuestro segundo período vacacional, mi mujer quería ir, y bueno, allá que nos colamos. Y mira por dónde, descubrí paseando ese inmenso paseo, digno de que lo conozcan, si aún no lo han descubierto. Así que lo de menos era el mercadillo, claro; yo, mientras ella se perdía entre tiendas, gritos y ofertas, yo me deslizaba furtivamente hacia el próximo mar, y allá me dejaba ir por esa inmensa belleza tan a mano que nos rodea: las gaviotas, las olas, el fango de la orilla, la inmensidad de ese océano eterno...


Y me gustó, sí, me gustó esa mañana pasada entre entre el bullir de la gente mirando, y la preciosidad de un mar que nos invade, nos arrulla, nos domina,...


3 comentarios:

  1. Ya me gustaría tener un paseo así, aquí, Carlos, mirando al mar, percibiendo su olor, su rumor... En cuanto a los mercadillos, yo tampoco suelo ir (me pasa lo que a ti, que para ver ropa y calzado, la verdad es que eso no me seduce nada de nada) y mira que aquí los hay todos los miércoles, pero no suelo ir porque tampoco suelo comprar nada. Hace unas semanas sí fui, a comprar algo de fruta, pero no duramos mucho en el lugar. Otra cosa es el Rastro, al que ya hace mucho, mucho, que no voy, y, por supuesto, son los zocos, esos sí me gustan, pero claro, los zocos son otra historia, y no suelen estar en España.

    Buenas noches, Carlos, me ha encantado pasear por Cádiz, de la mano de tus letras :)

    ResponderEliminar
  2. Realmente bello el paseo junto al mar de esa zona. Por las tardes da gusto pasear en un entorno tan exclusivo, tan nuestro. Con nuestra luz, nuestro olor salino, y todo lo que amamos de esta tierra.
    Tampoco me gustan los mercados de ropas, en cambio disfruté mucho el que hubo en la calle Real, con todo tipo de mercaderías.

    Saludos, Leonor.

    ResponderEliminar
  3. Debes andar muy liado, Carlos, para no aparecer por aquí. Se te echa de menos :)

    Feliz comienzo de semana.

    ResponderEliminar