miércoles, 14 de noviembre de 2012

A mi hija



Te miro, y me pierdo en tu angelical sonrisa,
que cubre tu precoz inocencia
del más fuerte de los amores imposibles
a tan escasa y divina edad.

Me miras, y en esos ojos de penumbra
veo el paraíso en la tierra,
los reflejos de mil sueños en la noche
que contigo, pequeño ángel, se hacen realidad.

Nos miramos, y en tu carita de niña buena
centellean reflejos de alegría
que en el cielo de tu boca
me llena de gozo el corazón.

Y entonces te abandonas a tu propio mundo,
callada, tranquila, inerme
a todo lo que pasa en el exterior,
a nosotros que velamos por tu conciencia;
pero en lo más hondo de tu alma,
grabada a fuego hay dos palabras:
"TE QUEREMOS".

20-12-1988
A mi hija, recién nacida, un nuevo ser
en la lucha de todos.

3 comentarios:

  1. Que escaso se queda el vocabulario cuando queremos explicar el amor que se siente por un hijo.
    Es precioso lo que escribiste por tu hija.

    Un saludo

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  2. Cuánta ternura cuando miramos a un hijo, más aún si ese hijo está recién llegado al mundo. Muy bonito y emotivo tu poema, Carlos. Estoy segura que a ella le encanta lo que le escribiste.

    Espero que tengas un buen domingo.

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