viernes, 1 de marzo de 2013

Pobreza en España

Veo ayer, de casualidad, un programa. "Crónicas", creo recordar que se llama, en TVE2. Lo veo, ya digo, de casualidad, haciendo zaping, ese deporte tan de moda en España desde que pasamos de los dos canales de toda la vida, a los quinientos y pico de los que disponemos hoy en cualquier plataforma; pese a lo cual, hay días en los que aun nos sorprendemos a nosotros mismos diciendo aquello de: "¡la tele está fatal, no hay ná que se pueda ver!...". Joder, con cientitantos canales a nuestras disposición... ¿Qué veían nuestros padres cuándo sólo eran dos, ó incluso uno sólo, si me apuran?..

En fin, ya digo, llego a ese programa, y ya me quedo viéndolo. No tardan en que unas lágrimas de dolor, de pena, de angustia, se me deslizen por mis mejillas. Porque yo soy, a pesar de todo, un tío muy sentimental, y no hace falta mucho para que me derrumbe, para que la impotencia del alma, el dolor del espíritu se me cangrenee, y me vea allí, como una Magdalena, nublados mis ojos de lágrimas de dolor. Lo que estoy viendo es lo de siempre, lo que tanto prolifera en cualquier cadena en los últimos meses, en los últimos años. La realidad de la calle, el hambre, la miseria. El documental pone los micrófonos y las cámaras para seguir la vida arruinada de algunos de esos españoles que han visto cómo, en nada de tiempo, su vida se derumbaba. Escucho al hermano boliviano llegado hace unos años a España, a la madre patria, para mejorar su calidad de vida, y la de su familia. Y después de hacer el trabajo sucio que muchos españoles no hemos querido hacer, porque cómo nos vamos a dedicar a "eso"... ahora se vuelve a su país, porque ya no lo quieren contratar, porque hay muchos españoles que se quejan de que le están quitando un puesto de trabajo... Que manda narices, oiga, que aquí llevamos años meando champán, que el agua es para los pobrecitos, que nosotros tenemos un nivel, oiga... Y ahora estamos tan contentos de poder beber agua de grifo, si hay...

Y escucho a ese hombre de campo, al que echaron hace ya unos años, que se ha venido a la ciudad; y ahí está, sentado en un banco, viendo pasar la vida, y siendo consciente de que a él, ya, a esa edad, maduro, con experiencia, nadie le va a contratar; y que el futuro, para él, es algo negro, negro... Y al que trabajaba, cómo no, en la construcción, y que se compró una casita, y un coche, y tenía unos ahorros en el banco, como casi todos... Y la construcción se acabó, y la casa se la quitaron, y el coche hubo de venderlo, y los ahorros se fueron terminando... Y ahora se ve en cualquier comedor social, comiendo de la caridad, lo que le pongan, oiga, que no está la cosa pá quejarse... "Pues yo era como cualquier español"-dice. "Mi casa, mi coche, unos ahorritos en el banco....". Y ahora ya me ves, aquí, parado, sin nada... Y uno lo ve en la caja tonta. en esa televisión que tantas malas noticias nos trae últimamente, y se le oprime el alma, pensando: "Joder, estaré yo así alguna vez?. ¿Seré yo el próximo?"...

Y veo las andanzas de quienes colaboran en el Banco de Alimentos, buscando diariamente nuevos recursos con los que poder hacer frente a unas necesidades que día a día aumentan. Y a los de Cáritas; y a los de los comedores sociales; y a los que, gracias a Dios, día a día salen, buscan, arañan, escarban, para encontrar ropa, comida, dinero, lo que sea con tal de paliar tanta hambre, tanta necesidad, tanta pobreza,...

Y son los ciudadanos los que deben de preocuparse de estas cosas. Porque el Gobierno está, nada, a lo suyo: que si el IPC, que si la economía, que si la Merkel, que si Bárcenas, que si el dinero negro, que si la deuda, que si los impuestos, que si... sus castas todas. Todo, menos, como dijo aquel: "dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento",..

En fin, una pena. Todo es tristeza, desolación, problemas,...

1 comentario:

  1. Creo que lo has dicho bien claro, que ponerse a ver la televisión es, o bien caer en la desesperación y la tristeza, o coger un cabreo de dos pares porque nos sentimos engañados e impotentes. Pagamos los de siempre, mientras los mangantes y corruptos les dan vueltas a las leyes para salir impunes de todos sus líos. Pandilla de opresores.

    Un beso de consuelo.
    Leonor.

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