jueves, 11 de abril de 2013

Conchi, y su Hospital

Esta es la semana de la nostalgia... Ayer les comenté que quería ir a la Casa de la Cultura, al acto que había sobre el Hospital de San Carlos. Y sí, allí estuve. Caras conocidas (Javier Cano, organizador; Antonio Romero, presidnete de la Federación de Vecinos "Isla de León"; Paco, de la misma Federación; Tito, ídem; y otros ex-alumnos míos...). Y como me esperaba, Conchi...

Hace años, unos cuantos años, Conchi pasó a ser en el imaginario popular mi... esposa. Ambos formábamos parte del APA del colegio Reina de la Paz, donde estudiaban nuestros respectivos hijos. Ella era la Presidenta, y yo... pues no recuerdo en aquellos entonces, si el vice, el tesorero, ... yo que sé (sepan ustedes que en cuestión de APA, este narrador ha ocupado todos los puestos posibles, incluido el de presidente...). Pasamos tantas horas juntos, teníamos tan buen rollito, pues que eso, que la gente pensába que estábamos casados. Ya ven, yo era reincidente en esas creencias: también me casaron con otra "histórica" del APA, Petri. En fin...
Nuestra APA hizo muchas y buenas cosas por el colegio; manteníamos una muy buena relación entre los miembros de la junta, aunque no faltaran los problemas con algún que otro Director, que no entendía que los padres estábamos allí para ayudar. Esos años, con los críos más pequeños, son inolvidables para mi, a pesar del mucho trabajo que conllevaba. Organizábamos muchas fiestas y verbenas en el colegio, y eso, si ustedes no lo saben, conlleva muchas horas de trabajo, de sacrificio incluso. Uno podía estar tranquilamente en su casa, disfrutando del tiempo como quisiera, sin problemas; pero nosotros, no, elegimos el prestar un servicio público, participando en la educación de nuestros retoños. Y, repito, la experiencia es fabulosa.

Cuando nuestros hijos salieron del colegio al cambiar de Ciclo, perdimos el contacto. Y hace no demasiado, nos encontramos en el Facebook... Ya ven, así son las redes sociales. Sabía pues que trabajaba en el Hospital de San Carlos;  y comprobé que, a pesar de los años transcurridos, no había cambiado. Sigue combativa, luchadora, se ve que disfruta manteniendo la llama de la protesta ante una sociedad que cada vez parece que aspira a menos; de hecho, me comentó que es delegada sindical, que está liberada, que debe de viajar por la provincia, por los convenios, las negociaciones, las protestas, ... En fin, ya se sabe. Después del acto, nos fuimos a tomar algo, juntos, como tantas otras veces, como tanto en otros años. Y seguimos hablando, debatiendo, de ese magnífico Hospital que tiene San Fernando, y cuyo futuro sigue siendo tan incierto. De cómo uno lo deja, y el otro no lo quiere; de cómo La Isla debe seguir manteniendo la lucha por un equipamiento sobresaliente al que la ignorancia de unos, y la pobredumbre de otros, tiene abocado a una incertidumbre que mantiene en vilo a su personal tan profesional; a los ciudadanos, tan necesitados; a tantas familias que allí tienen su razón de vivir. 

Concha no ha cambiado, nada; la miraba, la observaba, y me preguntaba si había pactado con el diablo que los años le pasaran de largo, como el Dorian Grey de Wilde. Una cosa increible, oigan, sobre todo para quien, como a uno, los años le empiezan a cargar ya su espíritu...


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