jueves, 4 de abril de 2013

Del colegio, la infancia y otras cosas

Pues verán ustedes: aunque resulte increible, yo también fui, una vez, y hace muchísimos años, ¡un niño!. Ya ven...

Y claro, fui al colegio, como casi todos. Mi primer cole, que yo recuerde, fue una academia particular, en la calle Colón, de San Fernando; allí cursé mis primeritos estudios, hasta lo que era 2º de EGB. No me acuerdo del nombre de la academia, hace ya demasiados años. Sí que fui (lo siento), brillante, destacaba, lo que hizo que mi madre se planteara el cambio de colegio; y así aterrizé, con ocho años, en La Salle de la calle San Cristóbal. Tengo el vago recuerdo de que hube de hacer como una prueba de ingreso, en la que entre otras cosas, parece que tenía que saber la hora en un reloj; y permanece aún algo recóndita en mi memoria la imagen de estar sentado con mi madre en la mesa roja de la cocina, ella con reloj en mano, enseñándome las horas, los minutos,... Es algo que no se me olvida...

Aprobé, claro. Y desde tercero hasta quinto curso de la, entonces, nueva EGB, los cursé allí; libre de gastos de matrícula, libros ó material, ya que mi padre era trabajador de la E.N. Bazán, y los hijos de sus trabajadores estudiábamos allí "gratis total": parece que la Bazán se había encargado de la construcción de los colegios de La Salle en San Ferrnando, y de ahí tal "privilegio"... Me parece...

 Así que yo también soy "lasaliano". Al contrario de lo dicho por mi alumno, amigo, blogero y comentador asiduo de este mi blog, Manolo Cuevas, en una entrada anterior (ver: http://siguemecf.blogspot.com.es/2013/04/mercedes.html), yo no tengo malísimas sensaciones de esa época; recuerdo al hermano Alberto, ya mayor, bondadoso; al hermano Pedro, director del colegio en mi 4º curso, que nos daba ¿Literatura?, más serio, de fuerte carácter, pero del que no tengo un sentimiento de "miedo" al evocarlo; recuerdo a D. Pablo, civil, en sexto, una gran persona, y un gran profesor... Y sí, también recuerdo nombres de compañeros de clase: Salinas, Huertas, Pérez, Montado (¡qué pedazo de futbolista!),... Hace unos meses volví al edificio de La  Salle en San Cristóbal para ver una obra de teatro en su salón de actos; y me invadió, fíjense, la nostalgia, la tristeza, de tantos años como ya han pasado. Pude salir al patio, a ese patio de fútbol en el que tantos partidos jugué. Y lo que más me sorprendió fue que, pese a los años (les hablo de finales de los 60 y principios de los 70)... ¡todo sigue exactamente igual que en aquellos ya viejos tiempos!. Inaudito...

 En sexto cambiamos de edificio, y pasamos a La Salle, pero el de la calle Real. De allí me queda, aún, el recuerdo de mi profesor de gimnasia, clavadito que era a Kirk Douglas, y un apasaionado del... ¡balonmano!; en aquellos años... Y al hermano José Miguel, profesor de francés, un ogro en clase, y un encanto fuera de ella, encargado del almacén de libros y materiales en el que yo le ayudaba (sin que eso mejorase mis expectativas de nota en francés... ¡qué desastre he sido siempre para los idiomas!). Y de mi joven profesor de octavo, que un día acabó a puñetazo limpio con Morales, el gamberrillo y gracioso de la clase (era allá por 1975 ó 1976); y sí, de D. Guillermo, mi profesor de Geografía e Historia, que era un buenazo. A este respecto, debo de decir que en aquellos tiempos a mi la Historia no me gustaba nada de nada (al contrario que hoy, que me apasiona...); pero tan, tan poco me gustaba, que llegaba a extremos de rechazo: era un completo inútil para estudiar Historia (joder, no me dio ná el Renacimiento, por los clavos de Cristo...). Y era parajódico que, mientras en Geografía sacaba sin problemas los sobresalientes... en Historia suspendía sin remedio, formando parte de una misma asignatura. Por verguenza propia, no quiero decir qué tuve que hacer para aprobarla... (no, el soborno no era algo propio de mi edad)....

 Y de allí aún perdura en los flecos de mi diluida memoria los Catena, Olmedo, Calderón, con sus manos perpetuamente en los bolsillos,  Carranza (fallecido muy joven, tristemente, por problemas cardíacos, un apasionado del fútbol), Santamaría, ya un líder en esos tiempos, liderazgo que siguió ejerciendo en el Instituto...

No puedo hablar mal de aquellos años, la verdad. Allí fui un alumno calladito, bueno, muy tímido, no era ni de brillantes notas (excepto en asignaturas contadas...) ni de muchos suspensos (dos, tres, depende...). Pese a lo cual, me negué desde siempre a que mis hijos estudiaran en ningún  colegio religioso (ni en La Salle ni en el Liceo, que lo tengo al ladito de mi casa...). Y esta decisión está motivada porque sí salí con la impresión de que "los curas" beneficiaban a los "listos", en detrimentos de los "normales", ó torpes... No sé... Salí de allí con esa constatación que aún tengo. No llegué a entender nunca cómo alumnos brillantísimos en La Salle, fracasaron estrepitosamente luego en el Instituto. Y algunos casos hubo...El listo es listo en cualquier sitio, pienso... Cuando además una parte de  esos alumnos con "buenas notas" y luego fracasados, eran algo pelotilleros en las clases, pues no sé...

Aqui lo dejo por ahora. Continuará...


2 comentarios:

  1. Yo tan sólo he estudiado cuatro años en un colegio 'libre adoptado' (qué nombrecito, ¿verdad?), es decir, un colegio de monjas (algunas de ellas profesoras) pero que también tenía profesores laicos. Eso fue cuando comencé el bachiller, en La Nava de la Asunción, en Segovia. Lo de 'libre adoptado' significaba que en los exámenes finales no te examinaban tus profes de todo el año, sino que venían de Segovia a examinarnos. Nunca tuve problemas con asignatura alguna. Siempre me han gustado los libros y realmente disfrutaba estudiando. En 5º ya me pasaron a un instituto, en Coca, a seis kms de La Nava.

    ¡Qué años! ¿Verdad, Carlos? Yo los recuerdo con muchísimo cariño, y también recuerdo a muchos de aquellos compañeros que a saber qué hacen ahora.

    El tema del fracaso de los chicos, al pasar de un colegio privado a un instituto público está muy claro: en los privados siempre se han engordado las notas, no sea que los papás se enfaden y saquen a los chicos del cole, dejándoles sin el dinerito.

    Buenas noches :)

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  2. Es verdad, Mª Carmen, conforme pasan los años, me va invadiendo cada vez más la nostalgia de tiempos que empiezan a estar demasiado lejanos. Cada tiempo, cada edad, tiene sus preocupaciones, claro. Quizás más que estos tiempos de La Salle, echo de menos los del Instituto, ya más mayorcito, más consciente del tiempo, con esos primeros devaneos sentimentales, la pandilla, las salidas,...
    Gracias por tus comentarios.

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