viernes, 19 de abril de 2013

El Instituto

-"Dio, qué tía más buena...!".

Corría el año del Señor de 1976; acababa de aterrizar en el Instituto de Enseñanza Media "Isla de León"; y a mi compañero Del Cid, se le escapó esa frase de su boca cuando entró en nuestra primera clase la que resultó ser nuestra tutora de curso, en 1º de BUP...

He de reconocer que nuestra nueva profe, de la cual desgraciadamente, no recuerdo su nombre, no se lo tomó a mal. Una sonrisa apenas perceptible se le dibujó en su cara, a pesar del jolgorio con que el resto de alumnos (masculinos, claro...) se tomó la bienvenida a quien nos iba a impartir Ciencias. 

Y aunque la frasesita de marras lleva implícito su carga machista, hay que reconocerlo, creo que sintetiza perfectamente lo que para mi fue el Instituto. Un paraíso, oigan. Háganse ustedes cargo: venía de La Salle, un colegio religioso, en el que pasé seis años, y que aunque fuese ya en los últimos estertores de una etapa franquista que vivía inexorable sus últimos años, los aires de libertad aún no eran allí visibles. El Instituto significaba nuevos compañeros, nuevos amigos, nuevos profesores, uno ya era más mayorcete, empezaba su adolescencia (la cual aún no sé si he abandonado...)... y CHICAS, muchas chicas.... ¿Qué más se quiere?.

Pasé cuatro años (los tres del BUP, y el COU) muy buenos en el Instituto. Con grandes profesores, grandes compañeros, grandes amigos, eternos amores imposibles,... España despertaba después del largo sueño de la dictadura; nuevos aires políticos se abrían camino inexorablemente; el país se modernizaba a marchas forzadas; y yo formé parte de mi pandilla de compañeros/as con los que salía por las tardes, y con los que quedaba los sábados por la mañana para jugar nuetsro partidito de fútbol en el Parque de los Patos, donde actualmente se encuentra el escenario, que en aquellos entonces era un terrizo de arena, perfecto para jugar al fútbol. Mi equipo era Ojuel, los hermanos Ariza, Juan Carlos, Jesús "el Pitu", JJ, Cantalejo,.. una mezcla de compañeros del Instituto y de amigos de la barriada, y que formamos un equipo imparable...

Yo bailé Grease en las mesas del Instituto (sí, sí, no les exagero, es verdad...); y me encantaban los viernes por la tarde, nuestras clases de Filosofía con el gran José Mº Vinardell, nuestro profe, que proponía un tema de debate, y nos animaba a opinar a favor y en contra, a discutir, a hablar,... a debatir, en suma. Una experiencia única y recomendable.  Y asistí a mis primeras fiestas, con esa mescolanza de chicos y chicas que es lo que hace que la vida en este planeta nuestro sea tan deliciosa, única, espectacular. Yo buscaba como un fantasma enamorado por los patios del Instituto a esa niña que fue mi primer amor; y me deleitaba con aquellos mis compañeros en nuestras salidas por las tardes; y disfruté de las excursiones que hacíamos "a lo largo y ancho de este mundo" (sic Capitán Tan) acompañado siempre de aquella nueva hornada de amigos, de uno y otro sexo; ...

Y fui feliz, muy, muy feliz...

4 comentarios:

  1. Tiempos felices, Carlos, tiempos muy felices. Ojalá pudieran volver :)

    Un abrazo y feliz fin de semana soleado y caluroso.

    ResponderEliminar
  2. ¡Qué bonito!, Carlos.
    Una entrada preciosa, llena de sentimientos y recuerdos...
    Me alegro por ti y porque compartas esos momentos con quienes te seguimos en este blog.
    Me gusta como escribes...

    ResponderEliminar
  3. Gracias, Mª Carmen y Juanfra, por leerme y por vuestras palabras. Me da mucha pena el desmoronamiento que se está provocando de la enseñanza pública, cuando a mi y a muchos, tanto nos ha aportado. Mi experiencia fue inolvidable, como habéis leido...

    ResponderEliminar
  4. ¡Dios mío!. Me has puesto los vellitos de punta. Es bueno recordar a veces todas esas cosas que nos han hecho ser lo que somos ahora. Es bueno no olvidar los sentimientos y las vivencias. Porque nos enriqueces con tus recuerdos, gracias, Carlos

    ResponderEliminar