viernes, 31 de mayo de 2013

A mis amigos, los ALPES

   Pues ya ven, aturrullados en la vorágine imparable de esta vida estresante, de esta crisis que nos atenaza, el tiempo no deja de ser, como dijo el filósofo, "el espacio entre nuestros recuerdos" (Amiel)...

Y ahora en esto que se cumple ya, triste aniversario, el primer año de la desestancia de los compañeros Alpes entre nosotros; recordarán ustedes aquella entrada mía en las que le daba CUENTA de aquello, no? ("Se nos van los ALPES..."); del despido sorprendente, lamentable, triste e incomprensible de 16 compañeros, inmersos y víctimas inocentes de ese torbellino mareante de ataques y acusaciones que tan de moda está, sin que nunca pase, de acusaciones entre los dos partidos mayoritarios que siguen llevando a este país al mayor de los desamparos, al más negro de los futuros, a la casi ruina.

¿Y cómo está la cosa?. Pues imaginénselo, más que peor, claro; no estoy muy al tanto, la verdad, pero sé que  hay unos cuántos de ellos que están metidos en cosas de juicio, que parece, según creo, que incluso lo han ganado; falta por saber ahora en qué quedará todo eso, aunque me temo, no sé, que no volverán a recuperar ese puesto de trabajo que, seguro, tanto añoran. Que ojalá me equivoque, claro, y los vuelva a ver por "esos pasillos hoy tan vacíos, por esas mesas desiertas, por esos escritorios en los que ya no se escucha el ronroneo del trabajo diario, el ring imparable de los teléfonos, el teclear inmisericorde de los teclados de ordenador, el chirriar frenético de las impresoras incansables", como dije en otra de mis entradas.

Porque aquí pasa el tiempo, por aquí se nos escabulle deprisa y corriendo esa vida que no podemos atenazar con nuestras manos iracundas, y no se atisba la mínima mejora que nos haga arrancar una sonrisa. Me los sigo encontrando por aquí mismo, ó en la calle, y pasado ya un año, se ve la incertidumbre de un futuro incierto en sus rostros, mientras esbozan, aún, una cierta sonrisa melancólica y triste, como no puede ser de otra forma. No mejoran las cosas, no, un año después de tanta hecatombe; sigue el país errante y tambaleándose por el durísimo camino de las reformas que, ¿algún día, dicen?, dará, quizás, resultados. No lo sé... Lo único cierto es que, ya ven, mis compañeros (porque siempre lo serán!)  Alpes van agotando las prestaciones de desempleo, van chupándose inmesicordes estos meses de malas noticias sucesivas, van comprobando, con pena, cómo el tiempo se les va pasando, y aquí siguen, entre el desconsuelo del trabajo perdido, y la desesperanza del trabajo que no llega...

Sí, claro que me afecta, por supuesto que sí. Uno no puede asistir impávido a lo que pase en el destino de quienes han sido, muchos años, sus compañeros y amigos; de aquellos con los que ha compartido la ilusión del trabajo bien hecho, de unas risas merecidas,  de tantas horas en tantos días siendo partícipe de los esfuerzos por intentar hacer de Cádiz una provincia  más prospera, más cómoda, mejor. Y claro que los llevo siempre en el recuerdo, a diario, porque sufro, no digo como ellos, que eso sería absurdo ni siquiera pensarlo, pero sí como ser humano que soy, la falta de expectativas laborales a la que está maldita e injusta crisis los, nos,  está abocando.

¡Animo, fuerza, honor, lucha!. No sé, lo que os haga sentir mejor. Que como ya os dije una vez, y ahora repito, más fuerte y más indignado aún: "Que me alegra, mucho, veros; que ojalá nunca perdamos el contacto; y que las cosas, cuando nos volvamos a ver, sean tan diferentes de lo que son ahora. Que el trabajo llegue prontito, y que, como suele decirse, os vaya bonito."...

Un abrazo, compañeros.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario