domingo, 12 de mayo de 2013

Mamá...

Como ustedes saben, hace justo una semana se celebró el Día de la Madre. En este factotum comercial que, de unos años para acá, nos invade, posiblemente no haya un día cuya celebración sea más justa. Esos maravillosos seres que siempre destacan por su amor innato, su sacrificio, su trabajo nunca justamente reconocido, su entrega,... se merecen no ya un domingo de mayo, sino que todos los días de nuestra existencia, se lo dediquemos a ellas...

En casi todas las familias, como suele decirse, cuecen habas; es casi normal que haya alguna diferencia entre hermanos, entre cuñados, entre primos, sobrinos, tíos,... Difícil es que lo haya con la madre. No hay quien nos cuide como ella, quien se preocupe por nosotros como ella, quien sufra por nosotros como ella,... Quizás, a los hombres, que no hemos nacido con ese don de la maternidad, y no me refiero sólo al hecho físico en sí del parto, nos supere esa permanente preocupación de cualquier madre hacia su hijo; uno pasea por la calle, y se le ilumina la cara cuando ve, simplemente, cómo le sonríe esa madre a su niñito que lleva en brazos, cómo le mima, cómo le besa, cuánto cariño y ternura se desprende de ella mirando, simplemente, a su hijo; digan lo que digan, el hombre no es igual...

Yo perdí a mi madre hace ya algo más de diez años; en mi casa éramos cinco, y era ella quien mandaba, ordenaba, nos cuidaba, decidía sobre lo que fuera. Mi padre trabajaba en la Bazán, en algo relacionado con la seguridad, las bombonas de butano, y esas cosas; y solía llegar ya por la tarde, después de sus copitas en La Gran Vía. Mi madre era de fuerte carácter, nerviosa, inquieta, pero como tantas y tantas mujeres de aquella época, cuidaba de su casa y de sus hijos, como una leona de sus cachorros. En su DNI, constaba eso tan deningrante de "S/L", ya saben, Sus Labores... El único sueldo que entraba era el de mi padre; pero ella procuraba ganarse unas pesetillas, y durante una época elaboraba "polos" caseros, que vendía a los niños de la barriada, a muchos de mis amigos, no recuerdo bien a cuánto, si a 2 pesetas, ó a duro, no sé... También tenía varias "marchantas", conocidas a las que prestaba dinero, porque aunque en mi casa sólo entraba el dinero de mi padre, mi madre siempre supo administralo muy bien. Luego, cada mes, iba a casa de alguna de las marchantas a cobrar la mensualidad estipulada. ¡Cuántos viajes hice con ella en la Carterilla a Cádiz por este motivo!. No puedo darles más información, ni cuánto prestaba, ni cuánto le ganaba a cada préstamo,... Yo era muy chico en aquel entonces, y recuerdo los viajes, pero del trasunto del asunto, no estaba pendiente, como ustedes comprenderán...

Se le murieon dos hijos (mis hermanos), uno de leucemia, y al otro lo mató un camión, en la misma puerta de la casa donde viví antes de que yo naciera; y en sus últimos años, mi madre ya no era mi mamá, devorada por ese inquieto animal carnívoro que es el Alzeimer, Pero aunque murió hace algo más de diez años, no hay día que no me acuerde de ella, no la rece, no me invada la sonrisa al recordarla, la tristeza de no poder disfrutarla ya (en sus buenos tiempos, antes de su enfermedad).

Si aún tienen la inmesa suerte de tenerla viva, disfrútenla. Porque es verdad eso que dicen que no hay nadie como una madre...

1 comentario:

  1. toda la razón, Carlos. siento que perdieras a tu madre. yo aún tengo la mía y espero que dure muchos años. hasta luego :)

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