lunes, 13 de mayo de 2013

Paseando por la playa

"A mis cuarenta y diez, 
cuarenta y nueve dicen que
aparento,..."

Paseo, ya tarde, por la playa; Camposoto, naturalmente. El mp4 y los cascos en los oídos; Sabina, naturalmente.

"Más antes que después,
he de enfrentarme al delicado
                                               momento..."

Es tarde ya; un impulso, oiga. Me han dado ganas, cercana ya las ocho de la tarde, de remojarme los pies en la arena de la playa, de sentir las olas en mi alma cansada, de dejarme llevar por la brisa del mar tardío. No he cogido bolsa, ni toalla, ni bronceador; mi música, mi Sabina, y el bañador, que tampoco quiero formar un escándalo público en la playa...

"... de empezar a pensar
en recogerme, de sentar la
cabeza,..."

Y allá me presento, Sabina dixit, con una playa medio vacía, en el que sus habitantes diurnos y domingueros van abandonándola ya, después de tostar sus cuerpos en un agua que se extiende casi hasta el infinito, después de un invierno de rayos, truenos y relámpagos. Siento esa agua anhelada en mis piernas viejas; me abandono a esa música melancólica del mejor Sabina; observo el festín desesperado de las gaviotas en la arena, dando buena cuenta de las sobras que han dejado los turistas del día; el vuelo majestuoso de varios pájaros unos metros más alla de la orilla, atisbando  alguna presa fácil que llevarse a la boca...

"de resignarme a dictar testamento
(perdón por la tristeza).
Para que mis allegados,"

Una nuba negra, grande, de aspecto terrible, atrapa en sus garras tenebrosas a ese Sol inmenso que dominaba majestuoso el horizonte; por unos momentos, se nubla la tarde, y refresca. Asisto atónito a esa batalla interestelar entre la luz y las tinieblas, con trágico resultado: la tarde se enfría, la nube negra vence, la melancolía se hace dueña, durante unos minutos, de una tarde tan maravillosa...

"condenados
a un ingrato futuro,
no sufran lo que he sufrido, he
decidido
no dejarles ni un duro,"

Me río con la letra del Sabina, ese hijoputa que tan bien escribe, y que tanto me hace disfrutar.  Y veo a una pareja de la mano, y a un perro jugueteando con su dueña, y a un padre con su hija, y a una pandilla retozando en la arena, y escucho sus risas, sus voces, sus bromas...

Y al sol que se muere, que no puede escapar de esa nube tenebrosa, que no está dispuesta a soltar a tan exquisita presa...

"sólo derechos de amor,
un siete en el corazón y un mar de
dudas"...

 

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