lunes, 10 de junio de 2013

Durmiendo en la calle

Veo a un hombre esta mañana, durmiendo en la misma calle; por un momento, incluso, tengo la impresión de que son dos las personas allí arrebujadas, entre cartones y plásticos... Son casi las ocho, y me impresiona verlo allí, tirado, en la acera de la calle, durmiendo.

Se me arremolinan las preguntas, mientras no dejo, no puedo, dejar de mirarlo; es una persona ya madura, sin un afeitado de varios días, aunque no llega, aún, a barba. Me derrumbo, es verdad. Me pregunto si algún día, quién sabe, puedo ser yo esa misma persona, a la que alguien observa, desdeñoso, mientras pasa a su lado.

¿Perdió su trabajo, y se derrumbó su mundo?. ¿Un mal matrimonio, que le ha dejado arruinado y en la calle?. ¿Fue desahuciado de su casa, por no poder ya pagar uans cuotas de hipoteca que no hace tanto abonaba religiosamente?. ¿Tan rematadamente mal le ha ido a este pobre hombre las cosas, que ni siquiera tiene una mala cama de muerte dónde pasar la noche...?. ¿No tiene casa, trabajo, amigos, familia?. ¿Nadie que pueda arrimarle el hombro, siquiera sea para desahogarse y llorar?.

Me preocupa, sí, y me entristece. Me ahoga. Nadie sabe nunca qué puede depararle ese futuro por llegar, misterioso, inexcrutable, quizás... cruel. Uno disfruta ahora de las carantoñas de un ser querido, de la felicidad insconciente de una cama caliente, de un presente que, ojalá, durase toda la vida tal cual estamos ahora... Y de pronto... Todo se tuerce, se lastima, se encrudece, y nos encontramos que la casa fue un sueño, que la amada no existe, que los hijos fueron un pasado nebuloso, y que aquello que ahora anhelamos... nunca existió.

¿Qué haría yo si fuera este hombre?. ¿Dormir, tan plácido, en la acera de una calle, al albur del relente de la noche, de desaprensivos que siempre existen, de bichos que de nada entienden?. ¿Podría?. Ó quizás, no sé, lo mejor sería acabar con todo, arrojarse al primer tren que pasara, y ver si allá, en el otro mundo que, dicen, nos espera, la crueldad de la vida actual se trastoque por la eternidad soñada?...

¿Dónde están ahora en las lágrimas de esta persona,  esa madre que, seguro, lo acunó en sus brazos, le cantó una nana, le puso sus mofletes colorados de tanto beso?. ¿Y ese padre que, aunque siempre lo vio serio y riguroso, cuánto daría ahora por tenerlo?. ¿Ó su madre le duró sólo unas horas, y casi desde su nacimiento se vió ya abocado a una vida sin ella?. ¿Tiene hermanos con los que un día, antaño, jugó, rió, peleó?. 

¿Qué pasó, amigo, para que tu cama sea hoy la dura acera de una calle?...

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