lunes, 1 de julio de 2013

En la despedida, amigo...

    Ya le he dedicado varias entradas, y espero y deseo que ésta no sea la última, ni muchísimo menos... Les hablo del compañero José Mª, claro (pueden ver las otras entradas, si les apetece,  aquí).

El caso es que este jueves pasado, 27 de junio, nos reunimos compañeros y amigos suyos, para compartir con él unas horas de convivencia, tertulia, dimes y cariños... Ya lleva unas cuántas semanas jubilado, después de no sé cuántos años de servicio en la Casa Grande, en Diputación, prestando sus impagables servicios en varios, diversos y diferentes servicios. 

Lo vi algo cabizbajo, la verdad; como algo superado por el acontecimiento, él que es sencillo, afable, ganador en las distancias cortas. Intuyo que no le gustan las reuniones grandes, y que su modestia se daba cabezazos con el hecho de ser él el recibidor de tan merecido homenaje. Allí estaban, estábamos, quienes él quiso que estuvieran-estuviéramos; lo veía conversar con uno y con otro, reir, charlar, y se me agolpaba en la tristeza de los recuerdos las horas con él vividas. 

Yo conocí a José Mª hace la friolera de 28 años ya, nada menos. Había sacado mi plaza de funcionario, y me había tocado en suerte la Residencia de Ancianos de La Línea; el día de mi presentación como nuevo Director a los residentes, allí estaba él, que en aquellos entonces era el segundo de los Servicios Sociales. Desde entonces, algunos viajes juntos, otros desayunos, y alguna que otra comida. Siempre pertrechado con su bondad al hombro, con su sonrisa de hombre bueno, con esa forma de hablar susurrante y cautivadora. Me lo topé luego, ante mi agradable sorpresa, cuando me incorporé al hoy en entredicho IEDT, del que él fue secretario algunos años. Y con él, y con Javier, su sobrino, me apalanqué en el desayuno los primeros días de mi estancia allí, ya que apenas conocía a nadie.

En la comida me encontré, por cierto, al compañero bloguero Juanfran, del que no estaba seguro de conocerlo físicamente... hasta ese día. Tenía mis sospechas, es cierto, de quién podía ser; pero dado mi natural despiste a la hora del reconocimiento facial, no las tenía todas conmigo. Y sí, confirmé que era quien yo creía que era. Y fue todo un placer, claro que sí, cómo no, poder charlar aunque fuera brevemente unos minutos con él. Ya sabe que mi estima es grande, que hace una labor estupendísima con su blog, y que le debo y me debe un café para tomar juntos. Ah!, y no dejen de pasarse por su blog de viajes (Gentes y Tierras), "Una bitácora de viajes, historias, realidades y ensoñaciones que me acontecieron cuando visité otras tierras y me relacioné con otras gentes."... dicho en sus propias palabras. 

Después del almuerzo, como no podía ser menos, bajamos a la terraza del restaurante, en  la plaza San Francisco de Cádiz. Y allá estuvimos unas cuántas horas más (yo me fui a las ocho, y creo que se quedaron al menos otra hora). Las últimas horas...
 

En fin, que no quiero alargar esto más de lo debido. Que, querido José Mª, ha sido un honor haberte tenido como compañero, haberte conocido, y haber charlado y aprendido contigo. ¡Qué bueno sería este mundo maldito si todos fuéramos como tú!: un hombre bueno, bondadoso, sabio...

 Espero verte pronto por estas calles de Cádiz, y, claro que sí, compartir contigo aún algunos desayunos y muchas charlas, querido José Mª. Un fuerte, fuerte, abrazo, de este que te quiere.

 

1 comentario:

  1. Un rato muy agradable. José Mª se merece todo. Gracias por tus palabras. Pues sí, nos debemos un café distendido y parlanchin. Me apetece. Un abrazo

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