miércoles, 10 de julio de 2013

Tarde de playa

Fuímos ayer tarde de playa; fue un día horroroso de calor, con el levante más tranquilo, pero con mucho sopor en el ambiente, calina, bochorno, apelmazamiento atroz...

Así que una vez dormida una reparadora siesta, allá nos fuimos, a Camposoto, que nos esperaba con los brazos abiertos. Julio como es, casi mediados ya, y no soplando tanto viento como en días anteriores, me esperaba encontrar los aparcamientos llenos, a tope, como tantas y tantas veces anteriores; pero no, había sitios libres a tutiplén, ante mi sorpresa, la verdad. Lo cual hizo la tarde más redonda aún...

Estaba tan agobiado de calor, tan hinchado de desesperación, que nada más pisar la arena, me fui casi corriendo a la orilla, a sentir el agua en mis pies hervidos. ¡Qué gusto sentir las olas jugueteando, la frescura del agua, el alivio de lo húmedo!. No pararon las sorpresas con haber encontrado sitio para el coche sin problema alguno: Camposoto, que, desconozco el porqué, es una playa muy "olera", siempre con muchísimas olas, haya viento ó no lo haya, ayer, cuando aún se notaba el levantito, no es que no hubiera olas, que sí que las había....; pero no como me la esperaba, la notaba mucho más tranquila que incluso en otras ocasiones en las que, sin apenas viento, aquello parecía más una playa de California donde practicar el surf... Ayer, sin embargo, no: la tranquilidad era nota dominante.

Sin demasiada gente, con un agua relativamente tranquila, ha sido de las ocasiones en que más he disfrutado de una tarde de playa: un paseo, un remojón, una "asentada" en la arena, una charla, ... todo hizo que fuera una tarde muy, muy placentera. Entre ese invierno tan largo que hemos padecido, y este verano levantoso con el que nos hemos encontrado, no he podido visitar Camposoto tanto como me hubiera gustado; así que ayer me desquité, y aunque no fueron muchas horas las que allí pasamos (de hecho, no pasaron de dos...), cierto es que fue una buena, una muy buena, tarde de playa. 

¡Qué placer sentir el agua fría (porque eso sí, ¡qué fría estaba!), la sal en el ambiente, la relajación ante el calor, el descanso que, en muchas ocasiones, sólo da un tranquilo baño en la mar!.

2 comentarios:

  1. Pues eso, Carlos, lo que te acabo de comentar en mi blog, que hay que disfrutar mucho de esas playas y ese agua estupenda que tenéis, que menuda envidia que me das. El calor lo tenemos repartido por igual, creo, pero esas playas, esas playas... ya quisiera Madrid tenerlas.

    Un abrazo y vaya que sí, qué placer sentir el agua fresquita jugueteando con los pies.

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  2. Estupendo Carlos, yo me alegro de que en algunas horas libre de tu trabajo, puedas disfrutar de ésta maravillosa playa que tenemos en la Isla. Aprovéchate que luego los meses venideros suelen ser más duros para llevar siempre a cuestas nuestras penalidades. Un saludo.

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