jueves, 26 de septiembre de 2013

Los ojos que lloran...

Te se me fuiste, Antonio. No tuve la oportunidad de despedirme; y no sé si, en tus últimos momentos, tuviste, quizás, un recuerdo para mi. Me enteré ayer, por sorpresa; y aunque algo intuía, saber que ya te fuiste me partió el alma. Me invade la tristeza, querido amigo, la melancolía, la rabia, el estupor... Escribo estas palabras que se arrastran, y me asoman lágrimas de amargura evocando tu recuerdo.

Hace unos días hablé, nada, unos momentos, con tu esposa. No me atreví a preguntarle por ti, porque, no sé, sospechaba que nos habías abandonado, que ya no estabas entre nosotros; no quise, sinceramente, profundizar en el dolor que sé que aún la invadiría. Admiré tus pinturas allí expuestas, los trazos de vida desgarrados en esos lienzos que, ahora, sé que tantos amabas.

Porque ahora que ya te se me fuiste, Antonio, te muestras ante mi como una caja de sorpresas. ¿Recuerdas cuándo nos conocimos?. Hace ya tantos años... En el 77, creo, del siglo pasado. No recuerdo, sinceramente, las circunstancias exactas. Fue en tu casa, acompañando yo a tu hijo, del cual me había hecho un grandísimo amigo, durante aquellos años; sin duda, el mejor de los amigos. No sé, no recuerdo, cómo nos conocimos Antón y yo; fue en el Instituro, sí, donde ambos estudiábamos, aunque yo soy mayor que él, no estábamos en el mismo curso, ni frecuentábamos las mismas amistades. ¿El destino, quizás?. El caso es que tu hijo nos presentó, allá en tu casa, arriba de la imprenta donde en su día se editaba El Mirador de San Fernando, ese periódico que se vendía los lunes, cuando aún no había prensa ese día... Y, pasados los años, no sé aún qué viste en mi. ¿La fogosidad de la juventud?. ¿La agresividad en la sangre?. ¿Una cierta confluencia de ideas comunes?...

El caso es que, a pesar de la evidente diferencia de edad, mantuvimos una relación muy estrecha, sincera, afable. Aunque ahora que compartes, sin duda, la dichadel Señor, se me revela ante mi sorpresa que fuiste pintor, escritor, y el cartelista oficial de los cines isleños durante casi cuatro décadas. ¡Ahí es nada!. No lo sabía, fíjate. Veo ahora algunas de tus pinturas, y un vago recuerdo de haberlas visto en tu casa me llega. Pero... sólo es eso, un atisbo de recuerdo. Ni tú me comentaste nada, ni Antón tampoco. Así que fíjate mi apesadumbramiento... Treinta y tantos años que nos conocemos, y resulta que estaba ante un pintor conocido por casi todos, y el cartelista oficial del cine en La Isla. Fíjate cómo es la vida...

Nos vimos algunas veces, ya achacoso, paseando por la calle Real, con tu familia. ¿Recuerdas?. Te llevaban en una silla de ruedas, ya mayor; siempre nos parábamos a saludarnos, a charlar un poquito. Siempre haciendo gala de tu educación extrema, de tu sonrisa, de tu comportamiento de caballero medieval, de tu voz algo algo tímida y apocada. Porque te recuerdo, Antonio, siempre como un caballero. Siempre...

Acabados los años de Instituto, Antón y yo nos fuimos separando, caminamos por distintos senderos. Alguna que otra vez nos entrecruzábamos, ora en una ruta de senderismo, ora en un colegio donde bailaba mi hija. Pero ya nada era igual... Con él me separé de ti, de tu esposa, de vosotros. Y sólo volvimos a vernos ya en aquellos aciagos tiempos políticos, de muy triste recuerdo para mi y para ti, lo sé... Y ya pasados los años, el silencio, la oscuridad, la nada...

Te se me fuiste, Antonio. Y como pasa siempre, me entero pasado el tiempo, sin poder despedirme como me hubiera gustado; sin haberte dicho que, durante un tiempo, casi fuiste un segundo padre para mi, fíjate. Así te quise, y te llevé en mi corazón. No fui capaz de decirte que te admiraba, que gracias por tratarme siempre tan bien, que no siempre se tiene la dicha de conocer a una persona tan culta, educada, y exquisita en el trato. Todo un caballero...

Adiós, querido amigo.
 
(En recuerdo de Antonio Ramírez, Toni, cuyas pinturas han sido recientemente expuestas en el Centro de Congresos de San Fernando. Fallecido en Diciembre del 2012.)

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