martes, 29 de octubre de 2013

Teñida en sangre

Y mientras los ERES y las ERAS, y la economía que dicen que mejora, y los parados suben, y los pobres se empobrecen, y los políticos se enriquecen, y dicen que nos espían, y muestran una indignación que nadie se cree, y la vida sigue, y la rutina se asienta, y... ¡Seis muertos, seis!, engrosan la ya abultada bolsa de mineros enfrentados a la fatalidad de un destino perro...

Una tragedia, sí, una más que asola el vivir cotidiano de esta España mísera, hundida, casi enterrada ya en la desesperanza de un porvenir incierto. Ahí las tienen ustedes, noticia por uno ó pocos días, llorando desconsoladas la muerte del ¿marido?, ¿el padre?, ¿el hermano?. Quizás... ¿el hijo?...

¿Y quién es capaz ahora de dar consuelo a quien ha perdido a un ser amado?. Uno ve la imagen desgarradora, el dolor subyacente, la tristeza en la mirada, el desconsuelo manifiesto... ¿Y qué les dices, si pudieras, si estuvieras allí, con ellas, llorando también a tantas víctimas de un accidente descarnado?. Porque esta es la vida real, a la que nos enfrentamos siempre en cualquier punto del país, porque miremos donde miremos, la muerte es siempre una presencia inquietante, turbia, ... cruel.

Se despidieron ayer, como tantos otros días, con una frase, unas palabras, un beso en la mejilla, una sonrisa tierna... Se despidieron como todos los días, como tantas otras veces, pensando cada uno en sus preocupaciones diarias, intrascendentes, casi vanas, podíamos decir... Sabiendo que la vida es cuestión de horas, que te veré pronto, que te besaré de nuevo los labios a mi vuelta mirando tus ojos picarones, y susurrándote como siempre que te quiero, que te amo, que qué suerte compartir contigo los avatares de este mundo que ahora parece incluso bello...

Se despidieron ayer sin poder decirse un último piropo, ignorantes ambos de la fatalidad de esas minas asesinas. ¿Quién puede esperar destino tan trágico?. ¿Quién puede adivinar que el ser querido que sale ahora de tu casa, estará pocas horas después en ese cielo que hoy nos parece tan lindo?. ¿Quién no daría un beso mucho más apasionado y cariñoso si fuéramos conscientes que, quizás, sea el último?.

Veo la imagen de un guardia civil abrazado a un familiar; y es una fotografía tan tierna, tan insultantemente bella, tan profunda, tan sensible... Es el abrazo del dolor, de la solidaridad, del desahogo... Tan necesario en esos momentos como el agua lo es para seguir viviendo. Me emociona ese abrazo, entre dos personas quizás tan distintas; porque ese abrazo tan sencillo, tan puro, tan sentido, simboliza el abrazo que, yo creo, todos quisiéramos dar en esos momentos tan penosos.

Se nos va la vida, sí, con el dolor de los familiares, de las esposas, de los hijos, de los padres, de los hermanos... Se nos inunda el alma de una pena tan grande como asistimos, impotentes, a tanta pérdida humana...

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