viernes, 8 de noviembre de 2013

Por fin!

Estuve ayer en el cine. Ya saben ustedes que me encanta el cine; me gustaría, si pudiera, ir como mínimo una vez a la semana al cine. Por mucho que digan, no es lo mismo. No es igual, digo, ver una peli en la TV de tu casa, que en la pantalla gigante del cine, acompañada, además, de ese sonido envolvente que te hace sumergirte en la historia que estás viendo. Procuro, así, ir como mínimo una vez al mes, y aprovechar el descuentito del día del espectador. En los cines del Plaza, esos días son los lunes y jueves; los lunes tengo baile, así que descartado. Me quedan los jueves, y procuro ser fiel a ese compromiso mensual. 

Ayer vi "Thor, el mundo oscuro", la segunda peli de este personaje del comic. Debo de decir que me gustó, qué quieren que les diga. uno también tiene sus defectos...; lo pasé muy bien el tiempo que duró la exhibición. Es una cinta con bastante acción, con sutiles toques de humor, unos efectos especiales espectaculares, magníficas interpretaciones, una Natalie Portman bellísima... En fin, que si a usted le gustan los héroes del mundo de Marvel, no lo dude, creo que también le gustará.

Acabada la peli, recibí un wasap informándome de que mi hija había quedado con alguien... muy especial para mi. Y además, allí cerquita. Verán ustedes, cuando se van cumpliendo años, y al menos en mi caso, se va descubriendo que no hay cosa más importante en esta, a veces, miserable vida, que la familia. Yo crecí y me crié en una familia cortita; bueno, éramos cinco(mis padres, dos hermanos, y yo...). Pero entre "yo" y mis dos hermanos hay algunos añitos, así que no tuve hermano cercano con quién jugar. El mayor, además, ya desde muy joven se fue fuera a trabajar; y el mediano, trabajaba también desde muy joven, y mi diferencia con él serán de unos ocho ó nueve años. Así que en mi casa, yo era "el niño"... lo cual me duró hasta siendo ya adulto y todo, como ustedes comprenderán. Añándale que teníamos pocos primos y tíos, algunos de ellos fuera también incluso de la provincia, y con los que no teníamos tampoco demasiado contacto. Así que mi infancia digamos "familiar" fue un tanto solitaria...

Con parte de esta familia, por causas que no vienen al caso, y achacables encima a la estupidez humana, perdí, perdimos, el contacto... Y mira que durante algún tiempo, año y pico creo recordar, incluso había convivido con ellos, que me acogieron generosamente en su casa, cuando tuve que vivir fuera de La Isla ese tiempo. Pero eso, el grado de idiotez del ser humano no tiene límites, así que, bueno, las cosas se torcieron, y ya está...

Por eso fue tan importante ese wasap recibido al salir del cine. Ya saben ustedes que este último mes no ha sido precisamente "tranquilo", sino todo lo contrario, en mi vida. El triste suceso del que en estos días se cumple pues eso "un mes", ha posibilitado, sin embargo, recuperar el contacto perdido, el amor y el cariño que, es verdad, nunca debimos dejar marchar. 

La recordaba tan chiquitita, rubia, blanca de piel... La recordaba, casi, como el bebé que fue en su tiempo, hace ya algunos años... La recordaba como alguien difuso del pasado, al que no había visto desde hacía ya tantos, demasiados, años... que cuando ayer me llegué a la cafetería donde estaba con mi hija tomando algo, charlando entre ellas, compartiendo las cosas de las primas... me hundí. La abrazé lleno de orgullo, de coraje, de sentimiento... Le planté dos besos que quisieron hacerle olvidar los años que no la veía... No lloré ante ella, me tragué las lágrimas, pero no pude por menos que entrelazar una de sus manos con la mía durante un tiempo, sin soltarla, como queriendo pedirle perdón por tantos años de ausencia. Ella me la sostuvo, además, ese tiempo impreciso en que yo quise decirle con la mirada que me perdonara, que la quiero, que estoy orgulloso de la mujer que es hoy en día...

Ellas, mi hija y sus primas, nos han dado a los mayores una lección de lo que es el amor, la familia, las relaciones humanas. Recobraron el contacto perdido por los mayores hace algunos años; y poco a poco, con sus quedadas, sus meriendas, sus visitas,... nos enseñaron el camino que debíamos seguir.

Eres ya toda una muchacha, una mujer, una adulta. Y quiero que sepas, Rocío, desde estas líneas que estoy orgulloso de ti, y que te quiero, y que ojalá podamos, todos, recuperar el estúpido tiempo perdido.

2 comentarios:

  1. Vaya, Carlos, en estos últimos días, cada vez que te leo me das una alegría. ¡Que bueno que se hayan recompuesto los lazos familiares! Me alegro. Un abrazo

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  2. Es cierto que esta vida que vivimos nos distancia de la familia más de lo que quisiéramos. Me alegro de que hayas recuperado a tus sobrinas, Carlos. Yo tengo la espinita clavada de que mis hermanos y mis sobrinos están lejos, que me estoy perdiendo tanto de ellos, que apenas nos llamamos y, sin embargo, no quisiera que así fuera. Tiendo a culpabilizarme, pero después pienso que no toda es mi culpa. No obstante, siempre la familia es la familia, aunque estemos algo lejanos.

    Disfruta de lo recuperado y ojalá que nunca más haya distancia entre vosotros.

    Un abrazo y buen fin de semana.

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