martes, 3 de diciembre de 2013

Mi amigo

Como creo que ya les he contado aquí mismo en alguna que otra ocasión, llegué al IEDT, mi actual destino laboral, en el 2004, o sea, hace ya nueve años; que se dice pronto...

No conocía a casi nadie en mi nuevo sitio de trabajo; lo cual, no crean, tiene también sus ventajas. Cuando llegué, los informáticos del IEDT pensaban que yo llegaba también como informático, lo cual no era cierto. Es verdad que en mi destino anterior (Recaudación) ejercía labores informáticas, pero acabé tan harto que, la verdad, mi intención era hacerme cargo de lo que me mandaran, y listo. E incluso cuanto menos tuviera que ver con ordenadores, mejor...

Lo cierto es que, al final, la cabra tira al monte, y casi sin quererlo, empecé a echar una mano en labores informáticas, formateando ordenadores e instalando el windows 2000, mayormente... Y con esas cosas fue donde le conocí... Dense ustedes cuenta que, en aquellos tiempos, el IEDT era un gigante, con ciento y pico de personas allí trabajando, y muchos programas europeos en marcha; y en ocasiones, los dos informáticos que había (Antonio y Mario) no daban abastos; así que los que algo sabíamos de informática, por poquito que fuera, procurábamos ayudar en los que nos pidieran.

El caso es que, ya digo, así fue como tuve mi primer contacto con él. Me pareció, ya desde el principio, una excelente persona. Tímido, educado, callado, con un sentido del humor, digamos, irónico, y con una especial habilidad mecánica para meterle mano a cualquier cachivache que se precie. Tranquilo, metódico, quisquilloso, para mi, pasado el tiempo y una vez me hice cargo de la informática, se convirtió en imprescindible a la hora de luchar con los cables de red, del teléfono, y de lo que fuera... Siempre recuerdo que, antes de hacer ningún cambio de cableado, anotaba minuciosamente cómo estaba puesto; por si había que deshacer lo andado... y una precaución que, debo de reconocer, casi nunca tomo, confiado en mi escasa memoria...

Nos hicimos compañeros de desayuno, y allá comentábamos cualquier cosa, de lo humano y lo divino. Una persona noble, sencilla, cuyo criterio siempre resultó infalible cuando tocaba retocar cableado, ya fuera de Red, ya fuera de teléfono. Siempre anidaba en mi la tranquilidad de tenerlo allí, disponible, cuando surgiera cualquier problema...

Hace ya como año y medio, se tuvo que ir, obligado por las circunstancia. Él fue uno de los ALPES afectados por la desquiciante política reinante de hace bastantes años para acá, y que se reduce al "y tú más!" (pueden ver: http://siguemecf.blogspot.com.es/2013/05/a-mis-amigos-los-alpes.html), después de bastantes años de servicio en el IEDT. Y aunque hablamos de vez en cuando; y aún cuando desayunamos juntos de cuando en vez; y aún cuando nos escribimos correos preguntándonos cómo seguimos... no lo tengo aquí conmigo en el trabajo, ayudándome con esa sapiencia infinita con la que Dios le ha dotado. Y le echo mucho de menos, tanto de menos...

Un abrazo, amigo, querido Paco Lechuga.

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