domingo, 16 de febrero de 2014

Pues se lo comenté a ustedes hace unos meses, y escribo de nuevo sobre ello. No, no hablo de Rajoy, la corrupción, los políticos, y este país, que, qué quieren que les diga, no tiene solución; pasarán los años, diez, quince, veinte, y cincuenta, y si viviéramos por aquellos entonces, seguiríamos hablando de la corrupción, los políticos, y este país (no, por Dios, espero que de Rajoy, no; eso ya sería castigo divino...).

Me refiero con las palabras que encabezan esta entrada a haber encontrado una de las ventajas (pocas, hay que reconocerlo...) de ir haciéndose mayor y cumpliendo años: el incremento exponencial de las "obligaciones" sociales. Verán: 

-El sábado anterior al de ayer, ó sea, el ocho de febrero, asistimos a la boda de mi querido ex-jefe Teodoro, y Rosa, compañera de trabajo. Se ofició y celebró en el  nuevo Hotel Atlántico de Cádiz. Fue una ceremonia preciosa, muy, muy bonita. No conocía este nuevo hotel reformado, y lo confieso: nos gustó muchísimo, cuenta con unas grandes instalaciones. Y la boda, repito, preciosa, muy bien organizada, con un ambiente sanísimo y emotivo... Teodoro, muy feliz; y Rosa, mi querida Rosa, mi compañera, guapísima y encantandora.  Todo salió a pedir de boca: el acto de la boda en sí, los aperitivos, la comida, el posterior baile... Mi esposa, por supuesto, bellísima y cautivadora. En fin, un día completísimo.

-Este viernes pasado, día de San Valentín, como recordarán, quedamos con los compañeros de pandilla, y nos acercamos a la vecina localidad de Chiclana, a disfrutar de sus manjares y vinos. En la Bodega El Carretero, disfrutamos de unos moscateles deliciosos, un pescaíto frito para chuparse los dedos, unos choricitos de esos a la brasa, la correspondiente charcutería... y la compañía, cómo no, siempre deliciosa, de los amigos. No conocía esta bodega, sita casi justo a la espalda del archiconocido Sanatorio, y quedé gratamente sorprendido: unos magníficos salones, típicamente decorados, un servicio rápido, una comida económica... Parece mentira que teniendo sitios así tan cercanos a casa, no caigamos en visitarlos más asiduamente.

-Ayer sábado, con esos medios hermanos en los que se han convertido ya nuestros compañeros de baile, Ignacio, Mª Paz, Manolo y Charo, pasamos la noche en el Club de Suboficiales. Manolo e Ignacio le han cogido gusto a eso de emitir gorgoritos, ó sea, cantar en el karaoke, y, bueno, pues nada, qué se le va a hacer, cada uno tiene sus gustos... Disfrutamos de una noche excepcional, entre "voluntariosos" karaokeros, y el baile que alterna con las canciones. Eso sí, desde aquí lo anticipo a mis queridos amigos: desistan, déjenlo... Este que esto escribe, conoce perfectamente sus virtudes y limitaciones; y entre las primeras, no está el cantar. Así que no sigan insistiendo, por favor.

Añándanle a los anteriores compromisos, nuestras semanales clases de baile de los lunes; la sesión de los miercoles con mi hermano y sobrinos... Y comprenderán que hay semanas en los que uno llega, caray, estresado al domingo...

Pero bueno, que dure la fiesta, verdad?.
 


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