miércoles, 26 de marzo de 2014

Suárez

Tuve el honor y la satisfacción de poder saludarle personalmente. Hace ya unos añitos, finales de los ochenta del pasado siglo. Fue en el hotel Lebreros, de Sevilla, al que nos desplazamos miembros del comité local del CDS para escucharlo en un mitín, no recuerdo ya de para qué elecciones...

Yo formé parte del partido creado por el Duque tras dimitir como Presidente del Gobierno. A instancias de mi querido y admirado Antonio Ramírez (del que en ese enlace pueden leer ustedes mi panegírico),que me lo propuso, durante un tiempo yo fui integrante como Secretario de Estudios y Programas, del Centro Democrático y Social. Mi admiración por Adolfo Suárez era muy grande, me parecía un político con un talento innato y, por supuesto, un carisma increíble. Y aunque me resistí al principio, dí después el paso, y tras una especie de "examen previo", en el que tuve que presentar al partido una serie de propuestas para la ciudad, fui admitido, y me hice cargo de esa vocalía. 

Formaban parte en aquellos entonces, de los que recuerde, Miguél Montañez; Mª Carmen Derqui, con la que establecí una profunda relación de amistad y admiración, hasta que, por desgracia, se hubo de marchar por motivos personales a las islas Canarias... Una mujer íntegra, luchadora, inteligente, con carácter (¿qué ha sido de ti, querida Mª Carmen?); mi admirado Antonio Ramírez; José A. Muñoz, su primer presidente en La Isla, que consiguió incluso un escaño como concejal en el Ayuntamiento, y que después se vendió al PSOE...

Un día, con motivo de unas elecciones,  Miguél Montañez me comentó que el partido iba a fletar un autobús a Sevilla, para escuchar a Adolfo Suárez, nada menos. No me lo pensé, claro, y allí fuímos unos cuántos, poquitos, el autobús iba casi vacío... Pero la recompensa fue enorme: escuchamos a un Suárez, como siempre, cautivador, encantador de serpientes, simpatiquísimo, sonriente, carismático a más no poder... Y puesto en una fila enorme de gente deseosa de estrecharle la mano, llegó mi momento deseado e inolvidable: un apretón de manos fuerte, cálido, amistoso... Un hecho que no se me olvidará en la vida.

Mi admiración eterna, mi recuerdo, mi cariño a su familia en estos duros momentos... Vaya desde aquí estas palabras hacia un verdadero hombre de Estado. Con mayúsculas.

2 comentarios:

  1. Buenas noches, Carlos: No conocía esa faceta tuya. Oye, te rechinará que quienes le hicieron la vida imposible, quienes le pusieron a caldo, quienes le llamaban trilero (alfonso guerra) y quienes le machacaron hasta conseguir que desapareciera de la vida política... sean ahora quienes babean alabanzas sin parar.

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  2. Hola, Juanfra. Pues sí, tienes toda la razón. Es inceíble lo que la muerte mejora al ser humano... Te acuerdas de aquello de "tahúr del Missisipi", no?, también dirigido a Suárez, de Alfonsito Guerra, un figura...
    En fin, ahí está la historia, para quien quiera aprender de ella (entre quiénes, por supuesto, NO estarán los psoístas, un partido ínfame donde los haya).
    Gracias, y saludos.

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