domingo, 29 de junio de 2014

El mundo está fatal!

Si son aficionados al fútbol, les supongo enterado del caso; si no, les explico...

Partido Uruguay-Italia. Centro sobre el área italiana; Luis Suárez, figura del fútbol mundial, y estrella de Uruguay, disputa el balón con un defensor italiano... Y en esas, las imágenes televisivas muestran al delantero uruguayo ¡mordiendo! en el hombro al pobre defensa...

No es la primera vez que este futbolista-caníbal actúa de esa forma. De hecho, ya ha sido sancionado dos veces por esa "raro" proceder. En esta ocasión, la FIFA, el organismo que manda en el fútbol a nivel mundial, le ha sancionado con diez partidos. Y aquí viene el motivo de esta entrada...

Verán: los uruguayos están indignados por la sanción; sí, sí, como lo leen: indignados... El nivel de descerebramiento general al que está llegando este mundo-mundial es tal que la gente se enfada porque sancionen a un futbolista que ha decidido ser perro antes que deportista; tal cual, con dos cojones...

Uno ya sabe que el fútbol levanta pasiones; que los seguidores de muchos equipos son hinchas antes que aficionados (ahí tienen ustedes a la afición brasileña celebrando como loca la clasificación de Brasil para octavos; a pesar del fútbol raquítico, pobre, lamentable que exhibió ante Chile... En vez de perseguir a gorrazos a futbolistas que, ganando millones de euros, son casi incapaces de dar dos pases seguidos, gritan como posesos por haberse clasificado... Patético, sí)... Uno, ya digo, es consciente de todo eso... Pero, ¿que un señor de un mordisco a otro, no debe de ser sancionado?. Cuando, además, ya ha hecho lo mismo dos veces antes?...

Repugna saber que uno de los motivos que dan para que no sea castigado es "que es un jugador muy agresivo" (?)... Pues con más motivos, no?. Si Luis Suárez es incapaz de reprimir sus instintos carnívoros, más temprano que tarde debería de ir a un psicólogo, no?.  O vamos a considerar normal que los futbolistas se peguen bocados en el campo de fútbol...

Incultura; forofismo; ceguera; ... ¡Me da miedo constatar a qué nivel de idiotez estamos llegando!

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