jueves, 21 de agosto de 2014

Visita al Castillo

Estuve ayer de visita en el Castillo; el de Sancti Petri, digo, esa mole inmensa que uno ve a toque de mano cuando va a la playa de Camposoto, una figura señera allá en el mar...

Mejor dicho, estuvimos... Porque acompañados de estos compañeros de baile incansables e invencibles, y sobre todo, amigos, a los que ustedes pueden ver a su izquierda (incluida familia, y "Jefa", ó sea, profe....), se organizó una visita a dicho monumento, al que, dicho sea de paso, tenía ganas de conocer desde hace ya varios años. Así que nos pusimos de acuerdo, lo cual en nuestro caso no es nada difícil, y ayer fue el día elegido..

A las cinco de la tarde, hora taurina por excelencia, salió el "aspirante" a barco desde el muelle de Sancti Petri, en un día espectacular de sol y buen tiempo; digo lo de aspirante porque, la verdad, yo pensaba que los barcos que hacían la travesía hasta el Castillo eran más grandecitos de lo que allí nos encontramos... Pero bueno, no pasó nada, y cumplió con su cometido, afortunadamente para todos, claro...

La visita propiamente dicha comienza una hora después, a las seis. Acompañados todo el tiempo de un guía, se va conociendo todo el interior de las instalaciones del Castillo. La visita se hace amena, mientras se disfruta de las espectaculares vistas, y el guía va dando las correspondientes explicaciones tanto de la sala en la que se está como de la propia historia y visicitudes por las que ha pasado ese antigüo edificio. 

El entorno es, sinceramente, impresionante, un remanso de bonita naturaleza, de cielo, de mar, de encanto,... Dispone en el patio incluso de un bar en el que poder tomarse algo (y al que aprovecho para recomendar que sería deseable bajara el volumen de los altavoces, porque chirría en ese entorno escuchar la música tan alta...). Mucha gente nos acompañaba en la visita, por lo que parece que tiene cierto éxito esta "excursión" tan cercana y gratificante.

Si ustedes no lo conocen, les animo a su visita. Es una pena que estando ahí mismo, como quien dice, no satisfaga el gusanillo, no?. Merece la pena, de verdad...

La jornada acabó en una bodeguita de Chiclana (no, no se asusten, el vino apenas se probó...), degustando unas butifarritas buenísimas y unos montaditos muy sabrosos, al compás de charlas, risas, bromas, y el buen ambiente que siempre reina en nuestras, ya, reiteradas reuniones...

Una jornada, como ven, que se puede resumir, como dijo el sabio de Ubrique, en dos palabras: es - pectacular. 

Sólo me cabe agradecer a estos alegres, bulliciosos, bromistas, y salseros, su compañía. Decía Baltasar Gracián que "cada uno muestra lo que es en los amigos que tiene"... Y, como ya he comentado anteriormente, uno presume de amigos. Como debe de ser...

Va por ustedes, salseros...




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