sábado, 16 de agosto de 2014

Y Birminghan...

Nuestros dos últimos días por tierras inglesas los pasamos en Birminghan, a la que llegamos después de unas dos horas horribles de autobús... Horribles por la calor que hacía, no por otra cosa...

Localizado el hotel, hicimos nuestra primera toma de contacto... Y debo de decir que nos defraudó, no nos gustó. Quizás se debió a la muchísima gente que por allí había, nada que ver con un Bristol mucho más tranquilo... Pasear por Birminghan me recordaba a Madrid, mucha multitud de personas deambulando...

Nos llamó la atención que muy buena parte de esos paseantes eran inmigrantes. A ver: no es que en Bristol no los hubiera, no; sino que en Birminghan se multiplicó el número de personas de otras razas que veíamos: negros, indios, pakistaníes, árabes,... Muchísimas mujeres tapadas, con velos, a los que sólo se les veía los ojos... Todo un ramillete de seres humanos de distinta condición, raza, creencias, pensamientos,... conviviendo sin problemas en una misma ciudad.

Hicimos el típico almuerzo inglés, ya saben ustedes: unos bocadillos, ensaladas y bebidas compradas en los muchas tiendas que hay dedicadas a este menester, engullidos sentados en un parque, rodeados de otros congéneres dedicados a la misma labor:


Y es que, en lo gastronómico, no hay color, como podrán ustedes imaginarse...

Nuestro paseo, después, por la tarde, y al día siguiente, nos hizo abrir los ojos: tampoco era tan fea... Descubrimos una ciudad con bastantes cosas que ver, por la que poder pasear (eso sí, siempre muy acompañado de gente,...), con plazas interesantes, iglesias, mercados, canales, ... y centros comerciales, pues parece que Birminghan quiere convertirse en una especie de "ciudad de compras"...

Uno de las cosas que más me gustó fue el "Birmingham Museum & Art Gallery", el Museo. Situado en un bonito edificio, y con entrada libre (ahí es nada), les recomiendo vivamente que, si visitan la ciudad, no dejen de ir. Es magnífico; reúne una estupenda colección de pinturas, además de colecciones de diverso tipo (Egipto incluido...), todo dentro de un entorno que me pareció encantador y maravilloso. El edificio incluye, además, una cafetería decorada al más puro y típico estilo inglés, una preciosidad... Y no especialmente cara, además. Hay que sentarse en uno de sus sofás, a descansar, y admirarla... 

Me llamó la atención la de gente que, después de comer, se acercaba al Museo para visitarlo, familias con niños incluidas; y con un señor en la puerta, sonrisa en la boca, informando y animando a la visita. Otra muestra más de la cultura inglesa que tanto se echa de menos por estos lares...


En resumiendo: quizás no tenga el "encanto" de Bristol, una ciudad muy cómoda y agradable para vivir... Pero merece la pena la visita a Birminghan, con sus barrios típicos, su crisol de culturas, sus centros comerciales, su vida, su ambiente,...

Y aquí terminó nuestra aventura inglesa, después d eunos días, simplemente, maravillosos.

Aquí pueen ampliar información: http://visitbirmingham.com/es/

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