miércoles, 7 de enero de 2015

Y sumando, que es gerundio

Y se nos fue, sí. Se marchó ya el 2014, hace sólo unos días, para no volver jamás. Ve uno pasar los años, a su edad, con creciente inquietud. Demasiado rápido, demasiado deprisa... 

Llega uno a una edad en que ve caer las hojas del calendario como ve en el otoño caer de los árboles sus hojas, formando un manto inabarcable en el suelo, una alfombra mullida de hojas, de desechos, de otoño...

Ve uno marcharse el año fallecido, y piensa: ¿Otro año? Ya?. Atrás quedan las fiestas vividas, las alegrías disfrutadas, los paseos en la playa, las vivencias pasadas... Se despide uno del año, apenas, y ya tiene el nuevo año, con sus misterios, sus nuevas vivencias, sus desvelos, sus inquietudes...

Queda ya lejos aquellos 60 de mi niñez, la insconsciencia de la infancia, el mundo eterno en que se convierte la vida cuando se la mira desde sus ojos de niño; porque a esa edad, tan frágil,  tan inocente, uno sólo tiene futuro, y apenas ha dejado caer algunas hojas, pocas, de su existencia. Pero ahora, a mi edad, la vida se ha transformado, y uno se sigue siendo frágil, sí, a los avatares diarios a los que debe de enfrentarse, pero ¿inocente...?. Ya ha dejado, hace  muchos, tantos años, de ver sólo futuro en las palmas de sus manos infantiles... Ahora, casi, todo es ya pasado. ¿Te acuerdas, dices, aquél día que...?. 

Llega, ya está aquí, el 2015, y uno sólo ve pasar ante él los próximos acontecimientos que, a lo mejor, le toca vivir: los carnavales, la semana santa, la feria, la playa,... Y nos colaremos, casi sin darnos apenas cuenta, en una nueva Navidad que vivir, en un nuevo año ya envejecido al que se ha de decir adiós...

Mira uno el pasado vivido, y sólo ve una bruma que todo lo oculta, unos gestos que no sabe si son los suyos, unos ojos que le miraron, unos besos que nunca le dieron... Porque parece, al fin y al cabo, que eso es la vida misma: un pasado que uno cree haber pasado, y un futuro incierto al que uno nunca cree llegar.

Porque la vida es, al fin y al cabo, un minúsculo grano de arena en la inmensidad del tiempo.

1 comentario:

  1. Así es, Carlos, el tiempo más que correr huye despavorido y nosotros con él, porque vemos que no nos alcanza para poder realizar todo lo planeado. Quizá somos demasiado ambiciosos, queremos abarcar demasido (es mi caso, claro), y es el tiempo (y el cuerpo) el que nos pone en nuestro sitio. Yo llevo casi un mes con molestias en la espalda que me tienen frita. Puede ser un aviso del cuerpo para que me pare un poquito, pero ¿cómo vamos a parar si sabemos que esto se nos puede ir de las manos, sin quererlo, en un abrir y cerrar de ojos?

    En fin, por lo pronto, hemos comenzado 2015. A ver qué nos depara este año al que algunos llaman de la 'niña bonita'.

    ¡Feliz 2015!

    Un abrazo

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