miércoles, 11 de marzo de 2015

Gritar

Conserva el español una serie de vicios adquiridos que nos acercan cada vez más a los países tercermundistas (si no lo estamos ya...), y que, lejos de querer desterrar, da la impresión de potenciarse conforme pasan los años...

Les cuento: desayuno esta mañana en el Periquito, aquí en Cádiz. Suelo ir una ó dos veces a la semana, para degustar sus churros, que me gustan bastante (ya ven, nadie es perfecto...). Hoy tenía lugar allí una "tertulia" (?) futbolística muy interesante: el nefasto partido del Real Madrid de ayer en la Champion (¡qué desastre!), que si Cristiano Ronaldo, que si Messi, que si quien era el máximo goleador en esta competición,... El caso es que uno de los "contertulios", con el que suelo coincidir casi siempre que voy, para mi desgracia, no debatía, sino "gritaba"... Sí, sí, como lo leen: gritaba. Ya saben ustedes que el español no habla, sino grita; no conversa, sino vocifera; no debate, sino discute. Y no lo entiendo, la verdad...

Yo desayuno, si voy sólo, y como les he comentado en otras ocasiones, leyendo. Y allí estaba yo, con mi Diario de Cádiz, "intentando" enterarme de lo que leía... Lo que resultaba casi imposible, porque cada vez que le tocaba el "turno" al amigo, tal intensidad ponía en sus argumentos que casi, literalmente, me tenía que agarrar a la mesa para no salir volando... Me podía haber ido, un poner, perfectamente a la Caleta (como a unos doscientos metros...), y escuchar sin ningún problema a este hombre soltando sus argumentos. El tímpano me martilleaba que era un gusto, y ganas me daba de levantarme y dirigirme al "mushasho" para pedirle, por favor, que no defendiera tan ardientemente sus argumentos...

Como les digo, no entiendo esa manera tan peculiar de mantener una conversación que suele tener el españolito medio. Me parece una lamentable  falta de cultura y de educación. No soy de pegar un vozarrón cuando entro en algún sitio para saludar, todo lo contrario: saludo con un tono tan "normal" tirando a bajo que supongo y entiendo que en buena parte de esas ocasiones quienes me ven entrar ni se enterarán de que he saludado... Pero sí, saludo siempre; ó casi siempre, al menos... Pero no me gustan esas personas (mayoritariamente hombres, hay que reconocerlo...) que entran en cualquier sitio y pegan unos "buenos días" ó "buenas tardes" con tal volumen gutural que le hace a uno pegar un respingo del asiento... Parece como si tuvieran la necesidad de hacerse notar, y que todo el mundo sepa que ha llegado... 

El caso es que aquí vemnos otro ejemplo más de la educación que se está dando desde hace ya tantos años en España, gracias a la cual se está creando una sociedad de sordos, incapaces de mantener una agradable conversación, sin ruidos ni gritos estridentes. Siempre he dicho que uno de los grandes placeres de la vida es tomar un café en compañía de buenos amigos, debatiendo agradablemente de cualquier tema que se precie... mientras no llegue un sujeto como el aquí descrito, que convierta en sordos a los que (aún) no lo somos...

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