martes, 21 de abril de 2015

En el Castillo

Pues que he tenido un fin de semana de lo más cultural, miren ustedes. Y es que resulta que con la casi terminación de las obras eternas del Castillo de San Romualdo, aquí en La Isla, el Ayuntamiento ha tenido a bien llevar a cabo una programación cultural en el mismo, a base de conciertos, exposiciones, conferencias, etc... Ya saben que el mes que viene hay elecciones municipales, no?. Pues eso...

Así, el viernes asistimos a la actuación del bailaor cañailla, David Nieto. Estuvo bien, la verdad; yo no soy muy aficionado al flamenco, así que no llego a los grados de éxtasis que allí vi, con la gente aplaudiendo desaforadamente, y casi cayéndoseles las lágrimas de la emoción; pero bueno, no estuvo mal... Además de mi poca afición al flamenco, me puede, no sé, que veo algo insulso ver bailar sóla a una persona, ya sea hombre ó mujer; cuando el baile es en pareja, creo que es otra cosa: hay más juego, más lucha, miradas enfrentadas, sensualidad,... Pero un bailaor sólo... le falta chispa, encanto, desde mi punto de vista, claro.

Al día siguiente, sábado, fue la actuación del grupo de folk Contradanza. Ahí toca mi amigo del alma, mi amigo de la infancia, casi mi alma gemela, Antón. Me avisó por wasap unos días antes, y esta vez sí pude ir. Le dediqué ya una entrada a su padre en este blog ("Los ojos que lloran"), pero no les he hablado, creo, nunca, de Antón aquí. Y, sin embargo, Antón ha sido una persona muy, muy importante en mi vida... Porque durante muchos años, yo tuve en Antón a mi mejor amigo, mi confidente, mi hermano, casi; y porque su familia, fue también mía. Con quince ó dieciséis años, yo me pasaba las horas y las tardes en su casa, como si fuera un miembro más de su familia. Recuerdo hasta unas Navidades en las que, acompañado de Paco Bustamente, fui a Cádiz, a comprarle regalos a todos y cada uno de sus padres y hermanos; tan agradecido estaba con el trato que me dispensaban... Hasta mi gusto por el grupo Pink Floyd se lo debo a su hermano, Nacho, que machaconamente escuchaba a diario y a todas horas el disco The Dark Side of the Moon... hasta que acabó gustándome, de pesao...

 Antón y yo nos conocimos en el Instituto Isla de León. No recuerdo ya el cómo ni el porqué, si tenemos en cuenta que yo soy un par de años mayor que él... Puede ser, quizás, por tema de escritura, de poesía y eso, ya que yo en aquel entonces ya escribía mis poemas, mis cuentos, etc. Nos caímos bien, congeniamos, y nos hicimos cuasi inseparables... Incluso con Antonio, su padre, estuve de cuitas políticas en el CDS, fíjense ustedes (y no demasiado afortunadas, precisamente...). El caso es que, finalizado mis tiempos de Instituto, dejamos ya de tener contacto, hasta casi perderlo; nos encontrábamos de vez en cuando, en alguna actuación de las niñas en algún colegio, y poco más... Sabía que tocaba la guitarra, y que estaba en un grupo. Pero hasta este sábado no lo había escuchado, pese a alguna que otra invitación que me había hecho llegar...

El sábado vi, pues, a Contradanza. Y me gustó, lo reconozco. Suenan muy bien, tienen canciones que da gusto escuchar, y llenan el escenario con sus instrumentos (y hablo musicalmente, claro, no por el número de ellos que tocan....). Me sirvió, además, para viajar unos 35 años en el tiempo, al pasado, ya que allí me encontré a viejos conocidos estudiantiles: Vicente Santamaría (que el tío sigue igual, no ha cambiado...); a Rosalía, su esposa, ex-profe de matemáticas de mi hijo; a Marisa; a Manolo; ... 

Y a Antón, claro, al que me acerqué a saludar al final de la actuación. Sonrió al verme, me dijo que le daba mucha alegría que hubiera ido, me dio un gran abrazo, hablamos brevemente, ya que era constante el número de  personas que se acercaban para felicitar al grupo, y quedamos, como otras veces, emplazados a vernos más, y a charlar de nuestras cuitas y aventuras. Y mi alma exhalaba alegría de tan dichoso encuentro...

Antón, mi amigo Antón...

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