jueves, 11 de junio de 2015

Un cuento soñado (II)

(Recordar aquí...)

Ustedes dirán que, bueno, que aquí se acabó la historia, que todo fue un mal sueño de una calurosa noche de verano, y que todo en aquel instante volvió a la normalidad de los años cumplidos, de los días que pasan, de la existencia rutina, de... 

Pues no, ya ven. Me despertó mi madre a las ocho en punto de la mañana, como era siempre de rigor:

-"Venga, niña, que son las ocho, y tengo muchas cosas que hacer!"-la retahila adoptada como costumbre que siempre, siempre, me soltaba a tan intespestivas horas.

-"Un poco más, mamá, por fa..."-repliqué, como era de esperar; aunque lo cierto es que dentro de mi bullía el desconcierto y la desorientación... No, mejor, la preocupación, porque yo era consciente de mis cincuenta y nueve años, ó sesenta ya, no lo sé. Y lo que en realidad me preocupaba era levantarme de la cama y que mi madre no se encontrara lo que creía que era una niña, su niña, sino una adulta hecha y derecha.

-"Venga, amor, que luego llegamos tarde al colegio", replicó, mientras se sentaba en mi cama, me miraba sonriente y bobalicona, me daba dos besos en la frente... Y me cogía cual pluma sin peso, como si yo fuera la niña que ya creía no ser...

Y sí, me descubrí sentadita en la mesa, con mi zumo de naranja fesca, mi colacao y mi bollo, en pijama de niña, con cara de niña, cuerpecito de niña, y todo tal y como era cuando tenía... ocho ó nueve años.

Mientras desayunaba, mi madre recorría la casa haciendo sus cosas, recogiendo aquí, maldeciendo el desorden de mi padre allá, diciéndome a lo lejos que me apresurara, que se hacía tarde... Sin ella saber que yo era yo, pero no a esa edad, que  recordaba perfectamente que ayer estuve impartiendo en la Universidad mis clases de Literatura Española de la Edad de Oro, que tenía ya dos hijos hechos y derechos (ó sea, sus nietos...), y que ya ese día lo había vivido antes en otra ocasión, hace ya muchos años... Aunque lo cierto es que no tenía ni idea de qué me iba a deparar las próximas horas...

Porque, estoy segura, ustedes estarán pensando que qué chollo, volver a ser niña, saber que esa vida ya la has vivido, y que por tanto, sabes de seguro lo que te va a ocurrir. O sea: preguntas de los exámenes, relaciones sentimentales (bueno, sí, dentro aún de unos añitos...), ... En fin, esas vivencias que ya viví en su día, y que se iban a repetir sabiendo yo ya lo que había pasado. Pero siento decirselo: el caso es que, aún sabiendo que no vivía ningún sueño, y aún siendo perfectamente consciente de que me iba a una vida que ya había vivido... No tenía ni la más remota idea de qué me iba a deparar ese día... ya vivido hacía unos cincuenta años, más ó menos.

Mientras miraba a mi adorable mamá dando vuelta por aquí y por allá, lo único que me venía a la cabeza fue si esto era una especie de maldición maldita, por haberme dicho aquél día en que salí corriendo tras la pelota despistada que "yo no quiero ser viejo nunca"...

(Continuará)

No hay comentarios:

Publicar un comentario