lunes, 7 de marzo de 2016

Museo del Dique

Pues estuvimos el sábado visitando Navantia de Puerto Real (los antiguos Astilleros, vaya...), en una visita concertada y organizada por nuestro Maestro Coordinador de Actividades Turísticas, Ignacio...

Ya he comentado, creo, en este mismo blog, cómo en demasiadas ocasiones nos volvemos locos buscando viajes ó sitios para conocer por ahí fuera de la provincia, cuando en Cádiz hay tantos y tantos lugares que no conocemos... y que asombran una vez conocidos. Pues este es uno de ellos..

El sábado  éramos dos grupos, uno de 15 ó 16 personas, y nosotros seis. Hay que estar a las 11'30 en la puerta de Navantia, allá en el Río San Pedro, para lo cual, si usted no sabe llegar, le recomiendo, poco más ó menos, que salga con unas quince horas de antelación, porque vaya tela para dar con la entrada del Astillero, que mira que está rebuscado... Afortunadamente, Ignacio había tenido la precaución de hacer el camino el día anterior, porque sino, no sé yo si aún estaríamos dando vueltas por la barriada del Río San Pedro... 

Una vez en la puerta, vienen a recogerlo en una "fragoneta", con capacidad para siete personas: la chófer-guía, y seis visitantes; lo que hace que, bueno, la visita se ralentice algo, ya que le llevan al interior de la factoría. Son dos guías, dos chicas, las que hay, con lo cual cada una se hace cargo de un grupo. Nosotros empezamos, según nos explicaron, en orden inverso a lo que suele ser la visita en sí, para no coincidir con el otro grupo. Pero no pasa nada, la visita es la misma, te lo explican todo muy bien, con detalle y tranquilidad.


El caso es que debo de decirles que hagan lo posible para realizar esta visita. Antes de entrar en el museo propiamente dicho, estuvimos en la parte exterior, en la que hay unas vistas realmente espectaculares del nuevo Puente, el de la Pepa, donde había una antigua fortaleza hoy semiderruida; y desde donde, posiblemente, los franceses estuvieron lanzando esas bombas con las que las "gaditanas se hacían tirabuzones"... A un lado tienen Puntales; más allá, Cádiz, con su Pirulí al fondo; y el mar, omnipresente, embrujador, misterioso,... Lo tenemos ahí, a unos kilómetros de nada, tan cerca, y sin embargo, tan, tan desconocido...

Luego viene el recorrido por el Museo, que tiene varias plantas, y en el que le explican con todo lujo de detalles todo lo relacionado con la construcción naval: fotografías, maquetas, paneles expositivos, herramientas antiguas,... creo que todo llama la atención. A destacar que tiene, incluso, un cronograma con todos y cada uno de los barcos, desde el primero, que se han construido allí, en el que se incluye, incluso, la referencia histórica del momento: quién era el Jefe de Estado en ese momento; quién el presidente del gobierno, el director de la empresa,... Todo un trabajo minucioso y detallado, digno de admiración... Y se visita la sala de las bombas de achique; y puede usted ver cómo es la construcción de un barco, desde el encargo inicial del armador, hasta el diseño del buque, los planos, las diversas fases de producción, la construcción, la botadura,... En fin, repito, un lujo.

Una cosa sorprendente es que el interior de Navantia alberga... una iglesia... Sí, sí, han leído bien: una iglesia. Chiquitita, recoleta, mezcla de varios estilos, es muy bonita, digna de ver... A su lado, una nave, que es la actual Enfermería. Y siempre al fondo, como pueden ustedes ver más arriba, las grúas pórticos, todo un símbolo de Astilleros, visibles desde bastantes kilómetros alrededor...

La visita dura aproximadamente hora y media, cuesta siete euros, que creo que están bien gastados, dado lo que se ve y se aprende. Y es, insisto, una visita obligada para seguir conociendo esta provincia gaditana...

El día continuó comiendo-tapeando en un Mesón de la cercana barriada de San Pedro (no recuerdo su nombre...), en donde conseguimos una mesa interior tranquila, donde poder charlar, disfrutar y comentar amigablemente, muy bien atendidos, y con unas estupendas viandas para degustar... Qué poco se necesita en esta, a veces, miserable vida para ser feliz...

Y no acabamos ahí el día, no, qué va... Embalados como estábamos, y teniendo entre estos amigos a dos cantores de híspalis... acabamos la noche en el club de suboficiales de San Fernando, entre karaokes y bailes, risas y charlas, para acabar una jornada realmente fantástica.

Gracias, amigos.

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