martes, 15 de marzo de 2016

Qué respuesta es más deprimente?

Uno se pregunta cómo es tan difícil de entender, o de aceptar y obrar en consecuencia. A lo largo de decenios hemos ido sabiendo que un gran número de políticos españoles con poder y autoridad colocaba en puestos de las diferentes administraciones (estatales, autonómicas, municipales) a parientes variados, amigos de pupitre, parejas o ex-parejas, o bien favorecía a las empresas y proyectos de éstos con sustanciosos contratos que no siempre salían a concurso, o lo hacían de manera amañada. Desde los lejanos tiempos de Juan Guerra (hermano del entonces vicepresidente Alfonso) hasta los más recientes: los que no somos valencianos acabamos de enterarnos de que, hasta hace nada, la jefa de gabinete de la alcaldesa Rita Barberá era … su propia hermana. Por muy funcionaria que fuera y sea esta señora, por “idónea” que resultara para el puesto, cualquiera con dos dedos de frente y cierto sentido de las apariencias se habría hecho este razonamiento: “No, mi hermana no puede ser, por mucho que valga y se merezca el cargo. Esto lo sé yo y lo sabe ella, pero, precisamente por serme tan próxima, hay que buscar a otra persona, porque el resto de la gente lo interpretará de otro modo y pensará que hay enchufismo, o nepotismo”. Sobre todo porque así es: siempre hay otra persona; nunca nadie es tan imprescindible que no pueda ser sustituido por alguien de características similares; nunca hay un candidato único para desempeñar una función; nunca nadie es tan “idóneo” que excluya las demás opciones.

Pero no seamos en exceso puritanos. Cuando hemos de trabajar en equipo, todos tendemos a rodearnos de personas que ya conozcamos y de las que podamos fiarnos. Si yo dirijo una editorial, busco la colaboración de individuos que me garanticen competencia y eficacia, y lealtad en segundo término. Si esa editorial es un negocio privado, creado con mi capital, estoy en mi derecho. Yo me lo invento y me lo financio, no hay dinero del contribuyente, no he de rendir cuentas a nadie, cada cual hace con su peculio lo que le parece y contrata a quien le viene en gana. La cosa, sin embargo, cambia radicalmente si lo que ocupo es un cargo a mí preexistente, y pagado con los impuestos de todos: da lo mismo si soy Presidente del Gobierno o concejal de un Ayuntamiento. El puesto no lo he creado yo, ni el organismo, a diferencia de mi editorial. En él no he desembolsado un penique, sino que, por el contrario, recibo un sueldo de mis conciudadanos y dispongo de un presupuesto para llevar a cabo mi labor y cubrir los gastos de representación. He de ser por tanto escrupuloso al máximo a la hora de beneficiar a mis allegados con prebendas, de contratarlos o nombrarlos, y también en lo relativo a “cargar” gastos. He de medir exactamente qué está justificado y qué no, qué es estrictamente necesario para el desempeño de mis funciones, a qué me obligan éstas y qué son meros adornos o agasajos superfluos. Seguramente será de recibo que invite a almorzar o a cenar a unos visitantes, pero difícilmente lo será que además los lleve a una discoteca o los convide a excesos. Y en todo caso no puedo rodearme en mi trabajo de esposas, maridos, hermanos, cuñados, sobrinos, compañeros de infancia, parejas o ex-parejas con las que me siento en deuda o me llevo de maravilla.

Con razón han acusado los representantes de Podemos durante los últimos años; sobre todo ellos, los que más han denunciado la corrupción general y la implícita en estas prácticas; los que se han cargado de razón hablando de regeneración y limpieza. Sin embargo, leo en una reciente columna de Javier Ayuso que el concejal madrileño Zapata, célebre por su vileza tuitera cuando aún era un desconocido, acaba de contratar como asesora a su ex-pareja con un sueldo de 50.000 euros al año. Y que también Ada Colau y su lugarteniente Pisarello, en Barcelona, se han hecho con los servicios de sus respectivas parejas. Y que Iglesias y Errejón tienen novias o ex-novias bien colocadas “en los centros de poder ganados”. Al parecer estos políticos no niegan los vínculos, pero aducen: “Sí, es verdad que es mi pareja o ex-pareja, pero no la hemos contratado por eso, sino por sus cualidades profesionales” (siempre según Ayuso). ¿Se puede ser tan torpe, o acaso tan jeta? ¿Cuál creen que ha sido el argumento de todos los responsables del PP, el PSOE o CiU que se han pasado décadas haciendo lo mismo? ¿Alguno ha reconocido que nombraba a su cuñado o su padre por ser eso, el cuñado o el padre? No, siempre se han amparado en los méritos de éstos (normalmente incomprobables por parte de la ciudadanía). ¿Tan difícil es entender que si alguien es un genio en algo, pero tiene la mala suerte de ser familia, ex-pareja o pareja de un representante público, no puede ocupar un cargo que dependa de este último, y cuyos emolumentos provengan del erario? ¿Ni tampoco obtener una concesión ni una contrata, por adecuada que sea su empresa? Resulta en verdad vergonzoso y desalentador que los sermoneadores se comporten con la misma desfachatez que aquellos a los que hasta ayer sermoneaban. Y de nuevo nos encontramos con la terrible pregunta de si es primero la gallina o el huevo: ¿se dedican a la política quienes buscan un medio para corromperse, o en cuanto los limpios entran en ella y manejan dinero ajeno, se corrompen en alto número? Las dos respuestas, me temo, son igual de deprimentes.

(No, no es mío, aunque lo suscribo hasta la última letra...)

JAVIER MARÍAS EN EL PAÍS

5 comentarios:

  1. Yo también, Carlos, yo también lo suscribo, porque tiene más razón que un santo :)

    Y es lo que yo le decía a mi marido hace nada: todos los nuevos en política no sé por qué hablan tanto de la corrupción de los demás (que no digo yo que no se haga, que sí, que hay que airearlo, por supuesto, faltaría más) cuando ellos mismos, si no están salpicados ya por cosas como el colocar a la pareja, familiar, o al ex, o la ex, con el devenir del tiempo terminarán estando hasta las cejas de mierda, porque como escuchaba a alguien decir en la radio, esta mañana, en este bendito país lo único que parece funcionar de puta madre es la corrupción. Y como me dijeron mis profesores de política, en la carrera, tantas veces, la corrupción está estrechamente ligada al poder. Y esto ha sido así desde tiempo atrás. Lo cual no significa que tenga que ser así para siempre. La prueba es que en los paìses nórdicos, y en Nueva Zelanda, la corrupción 'casi' brilla por su ausencia.

    Buen martes, Carlos :)

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  2. Hola, Mª Carmen, gracias por tu comentario. Verás, creo que el gran problema que tiene la izquierda española, a mi juicio, es el insoportable sectarismo en el que está cayendo. No es algo nuevo, por supuesto, en la política española; pero sí se está acrecentando con estos nuevos "mesías"... Se han dotado de una "superioridad moral" de la que luego no dan ejemplo... Se consideran más honrados, más listos, más inteligentes,... Pero eso sí, qque nadie ose criticarlos, porque si se le critica, es que se es un facha...

    Si en la prensa se denuncia una corrupción de algún partido de la "casta", la reacción de esta izquierda es contundente: qué sinverguenzas esta gente del PP, ó del PSOE, ó de... Pero si esa misma prensa denuncia un caso de corrupción de ellos, atacarán diciendo algo así como que "y te vas a creer lo que dice la prensa"?... Fascinante, a los medios de comunicación hay que creerlos... mientras no sean ellos los denunciados...

    Otro caso se da con los presos políticos: si estos son de dictadores "de izquierdas", no pasa nada, son unos fascistas que deberían de pudrirse en la cárcel...; pero si son presos políticos d eun dictador "de derechas", pues hay que organizar manifestaciones para denunciar el régimen dictatorial que tiene a ciudadanos inocentes en sus cárceles por "pensar diferente" (?)... Es decir, a los presos políticos hay que defenderlos... según y cómo...

    Aquí ya una idea no es buena ó mala de por sí; si lo dice alguien de derecha es... injustificable; si lo mismo lo dice alguien de izquierda, pues hay que respetar la libertad de expresión, y está en su perfecto derecho de decir ó defender esa idea...

    Y no intentes hacerles ver que esa postura es una postura sectoria, porque se niegan a reconocerlo...

    Dramático, no?.

    Besos.

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  3. Querido Carlos: Aquí en la Diputación están los delfines de los aprendices a hacer lo que me de la gana en cuanto tenga una cargo.
    Voy a publicar en estos días el desmán de nombramientos a dedos, prebendas, destrucciones de equipos y cambios de despachos y otras cuantas vergonzosas "singularidades" que se han producido en el Area de Igual. La gente con "poder" se cree que puede hacer lo que le da la gana porque han sido dotados de "clarividencia" suprema al ser nombrados a dedo dedazo.

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  4. Querido Carlos: Aquí en la Diputación están los delfines de los aprendices a hacer lo que me de la gana en cuanto tenga una cargo.
    Voy a publicar en estos días el desmán de nombramientos a dedos, prebendas, destrucciones de equipos y cambios de despachos y otras cuantas vergonzosas "singularidades" que se han producido en el Area de Igual. La gente con "poder" se cree que puede hacer lo que le da la gana porque han sido dotados de "clarividencia" suprema al ser nombrados a dedo dedazo.

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  5. Me alegro leerte, compañero. A la espera quedamos, pues... Qué pena del nivel tan bajísimo al que sigue descendiendo la política española. Cuarenta años de democracia no han servido para formar un ciudadano más culto, más educado, menos intransigente,...
    Ciudadanos libres, con opinión propia, objetivos, capaces de criticar, sí, pero también de saber aceptar críticas coherentes... En este mismo blog estoy sufriendo las consecuencias, Juanfran...
    Saludos.

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