jueves, 7 de julio de 2016

Fin de curso

Pues nada, que como todo llega a su fin, y nada es eterno en esta vida, este lunes nos reunimos los Salseros en una cenita de despedida del curso, en el mesón Sancho, en San Fernando.

Ha sido un año un tanto "atípico", por el parón que tuvimos después de las Navidades para que la niña, el ciclón latino, Mª José, trajera al mundo a la componente más chiquitita y graciosa del grupo, a Lunita, que ahí la pueden ustedes ver en brazos de su orgullosa madre...

En marzo reanudamos las clases tras el feliz acontecimiento, en los locales de la AA.VV San Quintín, donde ya llevamos creo que unos tres años, si la memoria no me falla. Y aunque en junio ha hecho una calor de mil demonios, ahí hemos aguantado, como un tío, los sudores de las palizas que nos pegaba la Jefa; que no sé yo si más de un equipo de fútbol debía de contratarla como preparadora...

El caso es que, después de la última clase que dimos este lunes (se tenía que haber dado la semana pasada, pero hubo que aplazarla...), fuimos dando un pequeño paseíto hasta el mesón, y allí a base de sandwiches y bocatas pasamos cerca de unas dos horas, rodeados de risas, buen ambiente, algún que otro lloro... Y hablando ya del reingreso en septiembre, en el que amenazamos con volver...

Bueno, no hace falta decir que este verano tenemos ya no sé cuántas galas firmadas, dada la expectación que tenemos generada, y que nos llevará a lo largo de las carreteras españolas para seguir llevando el asombro a cuántos nos ven danzar con ese arte y gracia que atesoramos.... (casi todos).

Recibió Mª José varios regalos; pero uno de ellos, especialmente, le llegó tanto al alma que le hizo saltar las lágrimas (a ella y a su emocionado padre, Paco...): un dibujo de Luna, impresionante, una perfecta copia de la "original" (sic), que había pintado, cómo no, el maestro Ignacio, que había aprovechado una fotografía que se le hizo a la niña una de las tardes que nos visitó en clase... Y como de tal palo, tal astilla, Lunita aparece como posando, de lo más natural, como si llevara años haciéndolo ( cuando sólo tiene cinco mesesitos, apenas...). Claro que tiene madre en quien fijarse...

El caso es que seguimos quemando etapas, pasando años, inasequibles al desaliento, y disfrutando juntos del buen ambiente y la camaradería, al tiempo que (algunos) intentamos aprender algunos pasos de baile. Por intentarlo que no quede...

Así que gracias a Ignacio,  Manolo,  Mª Paz, Charo,  Laura, (la eficiente secretaria, al tanto siempre de recordarnos los horarios...), a los papis de la Jefa, Elisa y Paco... Y a la paciencia infinita de mi esposa, siempre dispuesta al perdón de los pec... ejem, de las equivocaciones en los nudos del esto escribiente (escasos, claro; pero todo hay que decirlo...).

Y bueno, como le leí esa noche en mi dedicatoria a Mª José:

Tú no es que bailes, Mª José; tú haces de tu cuerpo en movimiento un imposible,
 un paraíso, un jardín de las delicias…

Te veo moverte con esa gracia que sólo unos pocos seres atesoran,
 y es medicina para el alma, cura para los malos momentos.

Porque lo tuyo es el baile, la picaresca de los ojos, el guiño divertido, la alegría hecha cuerpo,…

La expresión sublime de enseñar disfrutando…


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