sábado, 22 de julio de 2017

Me reservo el derecho a atacar...

Verán: vivo en la calle Real, justo enfrente del histórico Patio Cambiazo (del que, por cierto, hace poco terminé de leer el magnífico libro de Francisco Busto, y que desde aquí les recomiendo...). Bueno, el caso es que en dicho Patio, desde hace ya unos años, hay un bar, que ha ido cambiando de dueño. El último cambio ha sido hace sólo unas semanas, y de esto quiero hablarles...

Ya saben ustedes, supongo, que hay una ordenanza municipal que permite que haya terrazas abiertas hasta las dos de la madrugada... Y ya se imaginarán ustedes, supongo, que dado el "carácter" en general del hostelero español(ó sea, maleducado, mafioso, borrico, inculto, etc) lo que ese "derecho" supone en la vida real: molestias, ruidos, gritos, carcajadas a todo volumen,... de la "selecta" clientela que visite el bar correspondiente...

Y sí, ahora tengo esa inmensa suerte... El nuevo dueño pone sus mesas y sillas en la calle... y clin-clan, a hacer caja. Y los vecinos, que se jodan, por vivir donde viven, los hijoputas... Me estoy haciendo un experto en flamenco, porque a los del bar les ha dado por tener todo el santo día puesta música flamenca; todo el santo día, y la santa noche, porque les da igual que sean las once, como las doce, como la una de la noche, que ellos, como el famoso torero ya retirado, se ve que están muy a gustito... Y claro, qué decir de la ya mencionada selecta clientela: voces, griterío, risas, niños jugando, charlas a todo volumen,... Da igual que sea las diez, como las doce, como la una... Como tienen permiso para tener la terraza hasta las dos... pues parece que el permiso para provocar todo tipo de ruidos y molestias viene incluido en ese permiso...

Añádanle a lo anterior la inmensa suerte que tienen los hosteleros cañaillas (y la correspondiente desgracia para los ciudadanos...) que es la, parece, sordera, de la mayor parte de los policías locales de San Fernando... Porque suele ser constante el paso de patrullas de la misma, a cualquier hora del día ó de la noche por la calle Real; y ninguno, como lo leen, ninguno parece escuchar ni la música, ni los gritos, ni el vocerío provenientes de ese bar. Sea la hora que sea... Uno piensa que es de otro planeta; porque, digo yo, a la Policía Local de La Isla le parece normal que a la una de la mañana un bar tenga puesto a un volumen alto, música flamenca, en plena calle Real?. Repito: a los miembros de ese cuerpo de seguridad, eso les parece normal?.... Pues la respuesta es... sí, les parece lo más normal del mundo, porque ninguno se detiene, entra en el bar, y le indica a los sujetos que esas no son horas de tener puesta ni flamenco ni ningún tipo de música... 

El bar se llama, por cierto, "El Garlochi", ó algo parecido... Y ya ven ustedes el panorama, la inmensa lotería que nos ha tocado. Así que sí, me reservo el derecho a contratacar: ¿qué hará la susodicha policía, si yo por ejemplo, cojo mi buena torre de música que tengo en el salón, y, no sé, a la una de la mañana le hago competencia al Garlochi, y la pongo en funcionamiento poniendo canciones a todo volumen para molestar a sus clientes (aparte de a todo quisqui, claro, vecinos incluidos...). ¿Vendrán entonces varias patrullas municipales, a toda urgencia, con las luces encendidas, a llamarme la atención, y exigirme que apague la música?... 

¿Los bares pueden hacer todo el ruído del mundo que quieran, amparándose en una licencia, y un probo vecino, sin embargo, no?... ¿Tendré que llegar a esos extremos; ó alguién leerá esto, se apiadará de los vecinos, y pondrá remedio antes de que la sangre llegue al río?...

Ustedes qué opinan?...

No hay comentarios:

Publicar un comentario